2 de marzo 2006 - 00:00

Kirchner recibió a un admirador: Bono

Bono juegacon elteléfonopresidencialayer en laRosada,con unKirchneralegre a sulado. No erapara menos:el líder deU2 noescatimóelogioshacia sugestión.
Bono juega con el teléfono presidencial ayer en la Rosada, con un Kirchner alegre a su lado. No era para menos: el líder de U2 no escatimó elogios hacia su gestión.
Como Marcelo Tinelli y su troupe, ayer Bono se sentó en el sillón de Rivadavia y jugó a hablar por teléfono. A su lado, Néstor Kirchner sonreía eufórico. El Presidente no recibió ni fue a ver a Mick Jagger (¿para diferenciarse de Carlos Menem y de Fernando de la Rúa, aunque este último no sabía de quién se trataba?), pero sí le abrió las puertas al líder humanitario de U2, que en su última visita a la Argentina hizo subir al escenario a una delegación de las Madres de Plaza de Mayo (institución que también acompañó al irlandés a Balcarce 50).

Bono
, desde ya, es el alternador presidencial por excelencia. En su actual gira ya estuvo con Ricardo Lagos en Chile y con Lula en Brasil, por quien además hizo campaña. Bono tampoco escatimó elogios hacia el patagónico, una vez que concluyó la reunión de media hora ayer por la tarde. «Uno siente que se está iniciando una nueva era para la Argentina y la región», dijo. «Ha hecho un trabajo importante. Ha hecho lo correcto, aunque estoy seguro de que queda mucho por hacer, hay problemas complejos. Pero creo que tienen un hombre que puede dar esas respuestas complejas a ese trabajo», dijo Bono a los periodistas.

Cristina Fernández
,regresada de España, tampoco quiso perderse la reunión con uno de sus ídolos, como anticipándose a la futura llegada de Joaquín Sabina. Alberto Fernández, Oscar Parrilli, el jefe de espías Héctor Icazuriaga y el vocero Miguel Núñez se dieron también su vueltita, y en algún caso hastapidieron autógrafos. Para los hijos, claro. Hacia el final, el Presidente le regaló una bocha y un rebenque de pato, tal vez remanentes de los obsequios comprados para las bodas del príncipe Felipe y Leticia. Bono también llevaba un presente para el matrimonio Kirchner: un libro infantil clásico irlandés, llamado «Pedro y el oso», que él editó con caricaturas propias. En el curso de la charla, Bono elogió la decisión argentina de cancelar la deuda externa, y se explayó sobre su trabajo para que los países poderosos conozcan la situación por la que atraviesan los atrasados.

• Historia

Finalmente, el Presidente debió improvisar una rápida clase de historia argentina reciente, porque el músico se mostró curioso acerca de cómo la Argentina había llegado al estado institucional actual. Fue así como Kirchner debió oficiar de Felipe Pigna y darle una rápida lecciónde los sucesos de los últimos 30 años, desde el golpe militar de 1976 hasta hoy. Eso sí: cuando el Presidente le mostró a su invitado el escritorio que perteneció a Perón, Bono no pudo evitar el comentario: «Señor presidente, debo decirle que a los extranjeros siempre nos fue difícil entender el peronismo».

Lo que no se mencionó en el encuentro fueron las excelentes relaciones del cantante con el gobierno Bush. ¿Sabrá el presidente Kirchner que Bono, el año pasado, fue propuesto por el secretario del Tesoro de los EE.UU., John Snow, como candidato a presidir el Banco Mundial? En la última reunión de Davos, a la que concurrió el líder de U2, Tony Blair también se hizo eco de esa iniciativa: «Bono es alguien a quien admiro. Ha hecho mucho para el desarrollo económico del mundo», dijo en esa oportunidad. En sus giras por los países más pobres del Africa, Bono solía llevar como acompañante al predecesor de Snow, Paul O'Neill: la preocupación común de ambos era paliar, como se pueda, las injusticias del Primer Mundo hacia el Tercero. Entre ambos aunaron política y rock con el fin de conseguirlo.

• Distensión

Mientras tanto, los alrededores de River mostraron desde el mismo momento en que se habilitó la entrada un ambiente mucho más distendido que el de la semana pasada, con las corridas y los disturbios en los dos shows de los Stones. Había larguísimas colas, pero todo era pacífico. Dos filas de fans, de cientos de metros, se movían lentamente a lo largo de Libertador y Udaondo hasta el estadio.

El público estaba compuestopor gente joven, y algunos entre los 30 y 40, pero pocos adolescente, cuya mayoría hizo el «aguante» en el campamento montado durante dos días en las inmediaciones del Monumental. La gente se movilizaba con tranquilidad y la Policía cumplía sus funciones distendida.

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