7 de octubre 2005 - 00:00

Kirchner transversal; suma jefes UCR a costa de su lista

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Cristina Fernández de Kirchner se mostró junto a trabajadores de la construcción en el norte del conurbano, en una visita a obras que se desarrollan en San Fernando.
Cuatro jornadas. Cuatro distritos enlazados por un condimento político en común: son gobernados por intendentes de la UCR que ostentan un férreo dominio de sus fronteras y, como un factor para nada menor, mantienen una aceitada y funcional sintonía con la Casa Rosada.

La que termina hoy podría bautizarse como la «semana radical» de Néstor Kirchner en la cual se transparentó una práctica presidencial que es marca registrada: abrazar a caciques poderosos aunque éstos, en el catálogo partidario, figuren como rivales.

Nada es casual. Entre el martes y ayer, Kirchner desembarcó en tres distritos radicales -Vicente López, Junín y San Isidro- donde se mostró junto a los alcaldes UCR en detrimento de las listas locales del Frente para la Victoria (FpV). Hoy sumará un cuarto destino: Pergamino.

• Sin eco

Hay otra coincidencia: los cuatro intendentes a los que Kirchner arrimó con pompa y promesas, integraron en el pasado cercano el Grupo Olavarría, un bloque díscolo de la UCR bonaerense que toreó al oficialismo partidario encarnado por Raúl Alfonsín. El Presidente intentó, inclusive, asimilarlos al Frente para la Victoria, pero no encontró eco. Enrique García (Vicente López), Gustavo Posse (San Isidro), Mario Meoni (Junín) y Héctor Gutiérrez (Pergamino) prefirieronno renunciar a su pertenencia radical.

La captura fue exitosa con los Eseverri de Olavarría: el intendente Helios y su hijo José se acoplaron al kirchnerismo y son los dueños de la boleta del FpV en su distrito. Además Eseverri Junior encabeza la lista de senadores provinciales de ese partido.

En la Casa Rosada hasta se paladeó la alternativa de que
Posse escolte a la primera dama, Cristina Fernández, en la boleta de candidatos a senadores del kirchnerismo. Una oferta similar escuchó el marplatense Daniel Katz, también radical y cercano al gobierno.

El raid presidencial por los municipios radicales -donde reparte obras y elogios a los intendentes- carece de ingenuidad.

Conocedor de que esos caciques tienen altos niveles de adhesión,
Kirchner se les encima para hacer su propia cosecha electoral.

El fenómeno también funciona al revés. Mostrándose con
Kirchner, los intendentes -además de beneficiarse con los recursos del Estado- eclipsan, o al menos neutralizan a sus opositores locales. ¿Por qué votar al FpV en esos distritos si Kirchner apoya a los jefes radicales?

La bondad patagónica no es gratuita. En la Casa Rosada descuentan que García, Posse, Meoni y Gutiérrez, con matices, repartirán la boleta de Cristina Fernández pegada a la de sus candidatos locales y seccionales. De ser cierto, para Luis Brandoni es una pésima noticia.

Hay visiones más pretenciosas.
«Están con un pie acá», aseguró, anoche, un kirchnerista, sobreentendiendo que el «acá» es el oficialismo. Sin embargo, el cuarteto radical se rehúsa a ser considerado como parte del espacio K. «Es apoyo institucional», recitan.

• Indiferencia

El pataleo de los dirigentes del kirchnerismo en esos municipios fue, hasta ahora, infructuoso. Alguno, inclusive, se arriesgó a sugerir en la Casa Rosada que se suspendan las visitas del Presidente. Recibió primero indiferencia, luego un reto.

Para los peronistas que emigraron al FpV y que hace años reman contra
Posse y García -más de una vez recibidos en Balcarce 50- la actitud de Kirchner es una herejía. Soñaban con que el efecto-Cristina haría accesible una buena elección para imaginar una victoria futura.

Kirchner
no piensa igual: no le tembló el pulso a la hora de respaldar a los dos intendentes a pesar de que tomar esa actitud equivalía a zapatear sobre las boletas del kirchnerismo.

Virtualmente lo hizo cuando halagó a
García en Vicente López, luego a Meoni en Junín y ayer a Posse en San Isidro.

De algún modo, implica reeditar la aventura transversal, pero en vez de piqueteros y grupos de izquierda, ahora
Kirchner optó por radicales con prestigio.

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