Una vez más, el peronismo del Congreso rompió ayer todos los códigos y reglas legislativas para garantizarse en una elección que el oficialismo también controlará la última vicepresidencia de Diputados que quedaba vacante. El oficialismo no vaciló en pagar el costo político de violentar a toda la oposición para consagrar a Graciela Camaño, del neokirchnerista Peronismo Federal, como vicepresidenta tercera de la Cámara, después de haber hecho malabares para justificar que ese bloque -un integrante claro de la galaxia kirchnerista de Diputados había conseguido ubicarse como tercera fuerza en el recinto. En ese trajín el oficialismo no siguió ninguna de las reglas conocidas al punto de contar como válidos a los diputados con licencia del Peronismo Federal e impugnar a los dos sanluiseños del Justicialismo Nacional que revisten la misma categoría bajo un artilugio legal imposible de encontrar en el reglamento.
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El hecho, más allá de la miseria política que pudo verse en el recinto en la discusión sobre los votos que sumaba cada bloque que pretendía el cargo, significó una ruptura, otra más de las que acostumbra el oficialismo, de las más básicas reglas parlamentarias al no llegarse a un consenso y forzar la votación el kirchnerismo para terminar controlando finalmente esa vicepresidencia, que debe sumarse a la presidencia de la Cámara y a la vicepresidencia primera.
Sólo el radicalismo como oposición retiene entonces un puesto en la conducción de la Cámara con el segundo vicepresidente. El resto de las fuerzas de la Cámara parecen, entonces, no existir, aunque les corresponda también una crítica por ello.
Ayer, el radicalismo, los provinciales del interbloque Propuesta Federal (quienes reclamaban el cargo que les birló Camaño y que representan además la fuerza que histéricamente se quedó con él y a quienes ahora les hubiera correspondido), el Justicialismo Nacional (los ex duhaldistas que se abrieron del Peronismo Federal por no querer ser oficialismo) y hasta parte del ARI, en lugar de levantarse de sus bancas en protesta por la presión de Alberto Balestrini para guardar el cargo para el oficialismo, se limitaron a protestar en sus bancas y convalidar el acto con su presencia.
Precedente
Sólo Elisa Carrió se levantó y salió del recinto después de acusar el manejo que se hizo del conteo de los diputados que integran cada bloque para justificar que la vicepresidencia le correspondía al Peronismo Federal por ser la tercera fuerza de la Cámara: «Esto es un precedente gravísimo. La composición de los bloques no cambia por las licenciasde los diputados. No me preocupa esta votación: lo que sí es preocupante el precedente que está sentando usted como presidente», le dijo a Balestrini.
Por lo pronto, no se recuerda desde la vuelta a la democracia en 1983 que una autoridad de la Cámara no haya sido elegida por el consenso del cuerpo. Ayer, el Frente para la Victoria y su anexo del Peronismo Federal bajaron al recinto con la novedad de pretender nombrar al vicepresidente tercero del cuerpo, un cargo que está pendiente de definición desde diciembre del año pasado y que el kirchnerismo usó hasta ahora como zanahoria para negociar votaciones con cada bloque de la oposición. Mucho se lo prometió, y ayer el gobierno finalmente definió oficialmente quiénes son sus aliados preferidos -en realidad, parte integrante del bloque oficial-.
Abusos
La conducción que quedó ayer consagrada en Diputados supera en porcentaje incluso a la que el gobierno consiguió en el Consejo de la Magistratura. Tiene ahora en la Cámara baja 75% de los cargos, hecho que debe sumarse a otros abusos como los apuros antirreglamentarios en la votación de la prórroga a la Emergencia Económica en diciembre pasado o la ratificación del decreto correctivo de Néstor Kirchner al DNU por el que se creó AySA, que fue sancionado sin estar habilitado para la votación.
Pero si la arremetida del peronismo ayer en el recinto fue una ruptura de las mínimas reglas parlamentarias, la torpeza con la que se defendió la oposición tampoco reconoce antecedentes. El Justicialismo Nacional, escindido hace poco del peronismo de José María Díaz Bancalari, comenzó el ataque con una tibia exposición de Jorge Sarghini: «No sea que una cuestión de orden político de tiempo reciente nos esté llevando a resolver de manera veloz algo que ahora está sentando un precedente negativo». La cuestión en el recinto era saber qué bloque tenía el número suficiente para consagrarse como tercera fuerza. El radicalismo, otro hecho histórico, anunció que no apoyaba la candidatura propuesta. Hermes Binner pidió en dos ocasiones que le leyeran los integrantes del Peronismo Federal y del Justicialismo Nacional las otras dos variantes del PJ que podían acercarse a ocupar el puesto. El interbloque de macristas y provinciales protestó en boca de Federico Pinedo reclamando que se respetara la representatividad como regla para distribuir los cargos de conducción, pero el oficialismo no parecía escuchar. «Es un fraude a la representatividad, queda en claro que esto sigue un estilo presidencial, una orden de Néstor Kirchner que no repara en límites», dijo después la neuquina Alicia Comelli, candidata al cargo en juego por los provinciales.
Balestrini aceptó el pedido del socialista habilitando entonces la discusión sobre los diputados en licencia. Si los adolfistas Alicia Lemme y Hugo Franco, ocupando cargos en San Luis, eran reconocidos como activos en el Justicialismo Nacional, ese bloque hubiera quedado en 20 miembros. Al mismo tiempo, Balestrini se negó a computar como integrantes de ese grupode ex duhaldistas rebeldes a los tres diputados del PAUFE -partido de Luis Patti- que media hora antes habían comunicado su pertenencia a la bancada presidida por Sarghini. No hubo razón que aceptara el presidente de la Cámara, ni siquiera cuando el propio Carlos Bonacorsi -integrante del patismo junto a Nélida Mansur y Adriana Tomaz- le dijo en el recinto que no los computaran como votos para el Peronismo Federal sino en el peronismo rebelde, lo que hubiera bloqueado inmediatamente la candidatura de Graciela Camaño lanzada en el recinto por Díaz Bancalari.
Finalmente, Balestrini apuróla votación que terminó con 113 a favor -más el voto de Jorge Argüello, que no quedó registrado-, 41 negativos y 49 abstenciones. Como es de costumbre, el PJ festejó luego en las bancas, como cada vez que consigue este tipo de victorias.
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