El radicalismo porteño suma bajas en el distrito, mientras un sector sobrevive al amparode Aníbal Ibarra, quien intenta reeditar el Frepaso y casi la extinta Alianza.
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El radicalismo eligió para llevar adelante su más jerarquizada catarsis el hotel Panamericano, del centro porteño (ver nota aparte), donde Fernando de la Rúa festejó su último triunfo electoral y estrenó su gabinete antes de asumir la presidencia de la Nación, cuyo fin abrupto dispersó, quizá más que en cualquier otro distrito, a la UCR de la Capital Federal. Curiosidades de un territorio que supo ser uno de los brazos más fuertes del partido en su momento y que anota cada día una nueva baja, teniendo en cuenta, además, que en las pasadas elecciones porteñas protagonizó el peor de sus resultados electorales (menos de 2%) y quedó con un solo representante en la Legislatura local. Algunas vacantes se otorgaron a líneas internas menores como la del cómico Nito Artaza, para el pesar de los caciques Enrique Nosiglia (conserva empleados en el gobierno porteño), Rafael Pascual (devenido director radial en su barrio, Parque Patricios) y Jesús Rodríguez (de su tropa, Miguel Pesce se convirtió en vicepresidente del Banco Central).
Como un ejemplo de separatismo, el lunes próximo el diputado de la ciudad Jorge Enríqueztiene previsto renunciar de hecho a la afiliación partidaria para ponerse al frente de su partido Unión Republicana, y asegura que la mayoría de las mil fichas de afiliación que ya recolectó provienen de los padrones de la UCR capitalina, los que, sin depurar, conservan una lista de unas 180 mil personas. Con tinte de centro, Enríquez, que renovó su banca dentro del macrismo, pasó antes por los locales de Ricardo López Murphy y Patricia Bullrich. Esos dos candidatos (a senador por la provincia de Buenos Aires y a diputada por la Capital), también albergan parte del padrón de radicales de la Ciudad, como el propio ex ministro y los que se llevó consigo a Recrear y que comparten la conducción de ese sello, hoy también en dudas con respecto a las alianzas que tejerá en la Ciudad de Buenos Aires para las elecciones 2005. Bullrich, otra ex aliancista, entre su tropa de Unión por Todos cuenta con varios ex UCR, como el ex legislador Fernando Caeiro, que ocupa un lugar en la simulación de gabinete capitalino que hace la candidata dentro de su partido.
Otra porción de radicales porteños, se sabe, se la llevó Elisa Carrió, por caso, el legislador Fernando Cantero, quien compone bloque con el titular del ARI Capital, Fernando Melillo.
• Herencia
Menos a la vista se encuentra un resto de funcionarios porteños a los que sigue manteniendo Ibarra, como los que dejó Facundo Suárez Lastra en la Secretaría de Seguridad y Justicia que tuvo a cargo un tiempo en la época de la Alianza. Esos, como el subsecretario Enrique Carelli o la directora de tránsito, Leticia Piris, integraron el plantel de radicales que apoyó la reelección de Ibarra y que tuvo como máximo premio que la ex secretaria de Control Comunal Silvana Guiudice obtuviera una banca en el Congreso, producto del resultado electoral 2003 de Jorge Giorno (Partido de la Ciudad),quien habría aportado a la radical a pedido del propio Ibarra. El secretario de Cultura, Gustavo López, procede de esa armonía del jefe porteño con el ex intendente Suárez Lastra y ha dado una oficina para el actor Luis Brandoni, quien ahora querría postularse a senador por la provincia de Buenos Aires. Se pondría en competencia con Roberto Lavagna, el ex funcionario de Raúl Alfonsín, ya que, según Gustavo Posse, un sector radical lo proclama.
A las caras más visibles que retiene Ibarra en su gobierno hay que agregarle el plantel de empleados que mantiene el radicalismo dentro de las pocas áreas que maneja. Rescoldos de la Alianza, que finalmente Ibarra se propone reeditar cuando habla del armado de un frente de centroizquierda con viejos amigos del desaparecido Frepaso, como los socialistas o el intendente moronense (casi una moda ahora en el sector de la progresía), Martín Sabbatella.
Por el lado radical, la ex funcionaria de Ibarra Gabriela González Gass insistió en una cena de su sector, esta semana, con esa idea de aliados, de la que excluyó a López Murphy, lo que hace pensar, si no fuera por el kirchnerismo de Ibarra que los separa, que todo está dado para reeditar el fracasado invento aliancista, quizá con renovado nombre.
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