25 de julio 2007 - 00:00

La candidata piensa ya en la pesada herencia

Antoni Brufau,presidente deRepsol YPF,se mantuvocerca deCristinaFernándezdurante todoel acto con losempresariosespañoles.Hoy tendríanun encuentroprivado parahablar delpróximo socioargentinominoritario dela empresa.
Antoni Brufau, presidente de Repsol YPF, se mantuvo cerca de Cristina Fernández durante todo el acto con los empresarios españoles. Hoy tendrían un encuentro privado para hablar del próximo socio argentino minoritario de la empresa.
A esta altura de la campaña electoral, a la propia Cristina Kirchner le está quedando claro que las condiciones del país que heredará, si es electa el 28 de octubre, no serán las mismas que las que le permitieron a su marido cosechar adhesiones durante los dos últimos años.

No lo dijo y ni siquiera lo insinuó (sino todo lo contrario) en el discurso que pronunció ayer ante empresarios del Foro de la Nueva Economía en Madrid. Pero en sus pedidos ante esa audiencia calificada dejó clara una intención -aunque cueste decodificarla en su lenguaje- de apelar al realismo.

Esa realidad, que muchas medidas del gobierno de Néstor Kirchner parecen querer desconocer cuando se anuncian diariamente obras y subsidios como únicas herramientas de comando, ayer le dio algunas breves muestras de lo que puede depararle a la candidatapresidenta en 2008.

Después de definir a la matriz de acumulación e industrialización como eje del «modelo» -término inventado a principios de los 90 por José Luis Manzano cuando había que encontrarles un nombre a la convertibilidad y sus consecuencias- de su marido, Cristina hizo una curiosa apelación a la racionalidad: «Hoy, no hay ninguna economía invulnerable a los ciclos internacionales. Pero si nosotros diversificamos la matriz de acumulación, vamos a disminuir en cierta manera la vulnerabilidad para que no nos pase lo que le pasó a la generación del 80, que imaginó un país agroexportador... que cuando vino la crisis del 30 no pudo soportarlo». Mientras eso decía la candidata en Madrid, Nueva York daba muestras de un proceso que algunos analistas de Wall Street intuyen desde hace tiempo. La crisis en el mercado de préstamos hipotecarios, la caída de los precios de las viviendas y el mayor costo del endeudamiento en ese país para las carteras de segunda categoría -suba de tasas en bonos basura- son sólo una punta de un problema que la candidata deberá aprender a seguir de cerca. En algunos casos, fondos de inversión ya comenzaron a desarmar sus posiciones en países emergentes para cubrir esa merma que sufren en su propia tierra, un proceso que la Argentina conoce de memoria.

Transcurría el discurso de la candidata sobre la vulnerabilidad de los emergentes, mientras las Bolsas en el mundo caían por una serie de circunstancias. Que suban o que bajen es cosa de todos los días; el problema es la gravedad del origen de esos movimientos. Es cierto que hubo toma de ganancias, que una de las principales empresas de préstamos para vivienda cayó y arrastró al resto, pero junto con todo eso las tasas de los bonos de segunda categoría de los EE.UU. equipararon la de los mercados emergentes y, por lo tanto, la de éstos tiene que subir. Más aún si el mundo sigue desprendiéndose de deuda argentina.

Hay que pasar ese fárrago de tecnicismos para ver que el gobierno de Kirchner le está aportando lo suyo a la confusión: gasto en suba sin control, INDEK poco creíble para inversores que deben ajustar sus bonos por lo que ese organismo indique e intervención policíaca en algunos sectores de la economía, por no mencionar los pequeños problemas que hoy presenta la energía.

A tres meses de las elecciones, el gobierno permitió que el dólar ayer tuviera una suba (llegó a $ 3,18) de ésas que preocupan al pequeño inversor. Quizás, a pesar de la corriente vendedora de bonos argentinos y compradora de dólares, podría haberlo evitado, con las mismas herramientas con las que mantiene desde hace más de dos años el dólar en una altura ficticia, y restringir la preocupación a donde estaba hasta ahora: las mesas de los fondos de inversión.

  • Traducción

    «La clave, señoras y señores inversores, en la República Argentina de la sustentabilidad de lo económico es la sustentabilidad social.» Otra definición de la primera dama a su auditorio que no pasó sólo por lo retórico. Esa frase podría traducirse: ustedes conocen la historia; si se tira del hilo en mi país se corta rápido.

    La apelación tuvo también remembranzas de la Argentina peronista. «Mi país, a diferencia de otros que no viene al caso enumerar, pero que todos sabemos de qué estoy hablando, tiene un piso social que instaló el partido en que yo milito.» Destruyó así la conformación social de Bolivia o de Paraguay, por ejemplo, sin mencionarlos y aclarando que los recursos humanos aquí los superan en calidad en una proporción incomparable.

    Las inversiones que ayer garantizó la candidata en Madrid -«Aconsejo a los empresarios a que se animen a invertir en la Argentina, porque es un país muy seguro y lo va a ser aún más para recuperar las inversiones y para obtener beneficios», les dijo- y la paz social que puso como condición para mantener esas garantías le serán necesarias a la senadora el año próximo.

    A pesar de la posible hostilidad a prestar fondos a la Argentina por parte del mundo financiero que le deja su marido, Cristina presidenta deberá cancelar deuda en 2008 -entre capital e intereses- por u$s 15.500 millones, un número equivalente al de este año, que todavía no terminó. De ese monto, necesitará salir a buscar al mercado entre u$s 6.000 y 7.000 millones. Venezuela es un prestamista más amigable que el resto del mundo, pero cobra las mismas tasas, las que pueden ser más altas dentro de seis meses.

    Para un país emergente, colocar bonos puede ser una complicación, más cuando todavía tiene más de u$s 20.000 millones sin pagar, aunque pocos en la Argentina todavía lo recuerden. Puertas adentro, el mercado parece más amigable y allí deberá enfilar el nuevo gobierno.
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