El jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y el ministro del Interior, Aníbal Fernández, fueron los encargados de anunciar ayer la creación de una comisión por la cual el gobierno comenzará a discutir con las provincias la redacción de una nueva ley de coparticipación federal. Ese pequeño gabinete estará integrado por dos funcionarios y un diputado: Juan Carlos Pessoa, el hombre que negociaba en nombre de Domingo Cavallo con Néstor Kirchner cuando aquél era ministro de Economía y éste gobernador de Santa Cruz; Daniel Cameron, secretario de Energía, de dependencia directa del Presidente (suele eludir a menudo a su jefe burocrático, Julio De Vido) y trato con todos los «gobernadores petroleros» desde que ocupó la secretaría general de la organización que nuclea a las empresas del ramo (OPHEPI); y Jorge Sarghini, electo en la lista de diputados que encabezó, por el PJ bonaerense, Chiche Duhalde.
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Estas indentidades hablan en forma demasiado elocuente acerca de la lógica que tendrá la negociación si se la mira desde el punto de vista político. Primer dato, relativo a la interna del gabinete nacional: no hay quien represente al Ministerio de Economía en el equipo. Roberto Lavagna parece condenado por el Presidente a ocuparse del tema en el que menos expertise le reconocen, la negociación de la deuda. La política monetaria está en manos de Alfonso Prat-Gay y la fiscal pasará de manera progresiva a discutirse en esta nueva comisión: discutir la coparticipación de impuestos supone poner sobre la mesa ingresos que hoy no se reparten entre las provincias, como el del cheque y las retenciones a las exportaciones.
Con Pessoa estará garantizado el saber técnico: discute la política federal de ingresos desde que trabajaba para Cavallo en la Secretaría de Provincias, época de vacas gordas y alto endeudamiento de los estados del interior. Hoy milita al lado de Alberto Fernández, quien nunca ocultó su pasado cavallista, al frente de la Secretaría de Seguros, durante el gobierno de Carlos Menem. Pessoa conoce como pocos el entramado técnico que gobierna las relaciones fiscales en el interior del país y que se proyecta sobre la Comisión Federal de Impuestos, que integran todas las jurisdicciones.
Cameron, el secretario de Energía, custodia uno de los secretos mejor guardados de la vida provincial: cómo se calculan las regalías por hidrocarburos en las provincias que los producen. Si bien responde por entero a Kirchner (quien se precia de controlar hasta el tercer subsuelo de su gobierno con independencia de ministros y secretarios), Cameron tiene lazos propios con otros mandatarios. Fue secretario de Energía de Adolfo Rodríguez Saá, se retiró durante el gobierno de Eduardo Duhalde y formó filas al lado de Juan Carlos Romero, otro «jeque peronista», como se les llama con tono socarrón a los mandatarios que controlan la «boca de pozo». Romero heredó de Kirchner la presidencia de la liga de provincias hidrocarburíferas, OPHEPI. Con estos antecedentes, Cameron es una figura ideal para hablar con los gobernadores de los ingresos federales, aunque no se trate de un fiscalista puro.
Finalmente, el trío lo integra Jorge Sarghini: dato clave, es el economista del PJ más ligado a Chiche Duhalde y el más enemistado con Felipe Solá (en su caso, esta enemistad no se deriva de aquel afecto, aunque esto podría ocurrir tranquilamente). La presencia de Sarghini parece fijar un criterio: la discusión con la provincia de Buenos Aires identificará como interlocutores a los Duhalde, no a Solá. El gobernador saltó a la palestra con un reclamo por más coparticipación, que el interior querrá reprimir. No es seguro que la estrategia discursiva de Solá, dirigida a demostrar la discriminación de la provincia de Buenos Aires, sea la más inteligente respecto de los resultados que pueda obtener, aunque sus argumentos sean veraces.
Ausente Economía, la comisión también insinúa la dirección que tomará la política oficial a propósito de la ley comprometida con el Fondo para agosto del año próximo: privilegiará una alianza con el interior del país y resistirá la presión bonaerense. Hasta parece estar decidido también quién será el encargado de traducir esa política entre los mandatarios del PJ: Eduardo Fellner, el jujeño con quien Kirchner comentó ayer esta estrategia, de la que se convirtió en vocero ayer en la Casa Rosada.
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