La disputa por la UNASUR pasa a la clandestinidad
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Néstor Kirchner
recibió al
intendente de
Córdoba, Daniel
Giacomino,
acompañado
por Oscar
Parrilli.
Su esencia de sospecha permanente empujó al patagónico a entrever una inacción conspirativa de los dos diplomáticos: a Patiño Meyer porque, al final, lo asume como un delegado de Eduardo Duhalde, quien lo instaló en Uruguay, destino en el que Kirchner no encuentra reemplazo.
A Taiana, en quien no se anima presumir mezquindades, lo sacudió porque no se encargó atentamente al expediente Uruguay cuando, de antemano, se sabía que Tabaré tenía reservas más allá de las palabras agradables que, cada tanto, deja caer José «Pepe» Mujica.
Ese fuego amigo se fue apagando por el enojo personalizado hacia Tabaré, a quien reprocha usar su nombre para hacer política interna. En ese asunto, Kirchner no debería hacer reproches: como Vázquez, la política exterior K se digita en función del mercado interno.
Kirchner, en los últimos días, dejó de hablar de la UNASUR. (Anexo: en rigor no habla de otra cosa que no sea juntar los votos para la aprobación de la eliminación de las AFJP y de la táctica electoral para 2009, puntualmente en la provincia de Buenos Aires). Lo que no significa, ni mucho menos, que se haya resignado a no presidir ese club continental. Es más: sugirió que podría, incluso, promover que se someta a la votación de los países miembro.
Kirchner mandó a examinar la letra chica del acta fundacional de la UNASUR y de sus reglamentos, y le devolvieron la novedad exquisita de que hablan de «consenso» y no de «unanimidad» en la elección del titular del organismo que, tampoco, condiciona que sea un ex presidente.
En Olivos, Kirchner escuchó el informe de su embajador itinerante para el expediente UNASUR, Rafael Follonier, quien oficia, además, de operador de la Unidad Presidente junto con Cristina de Kirchner. Follonier le puso sobre la mesa el voto de 11 de los 12 miembros de la comunidad.
Incendiario, Follonier se desentendió de la bravuconada de Tabaré. «Vos sabés que ahí no me metí, Néstor», se excusó con el argumento de que, en medio del conflicto diplomático por la pastera Botnia, toda gestión biletaral transita a través de las cancillerías.
El plan A es quebrar la negativa de Tabaré y, para eso, además de las gestiones de Correa y Bachelet, aparece como un atajo perfecto la posibilidad de que se flexibilicen los cortes de ruta que mantienen, en arroyo Verde, los asambleístas de Gualeguaychú.
En simultáneo, el gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri, apareció sugestivamente a pedir « encapsular» el conflicto Botnia para poder retomar un diálogo fluido con Uruguay. Indicios de una gestión que se clandestinizó porque ni Kirchner ni Tabaré quieren pagar el costo de ceder.
En un caso extremo, Kirchner le dirá a Correa que active el plan B: someter -resulta difícil imaginar que pueda ser este año, aunque hay varias citas de presidentes en lo que queda de 2008- a votación de los delegados el nombramiento del presidente de la UNASUR.
Es una especulación atendible que, si 11 mandatarios levantan la mano a favor de Kirchner, Tabaré no podría negarse a ese aval mayoritario. También parece razonable la resistencia, manifestada por Bachelet, de que el primer jefe continental no pueda ser electo por aclamación y sin fisuras.




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