31 de marzo 2003 - 00:00

La electrónica perfeccionó una vieja picardía

No sólo fue el día del debut para el régimen de internas abiertas y simultáneas en Buenos Aires. Ayer también debutó el peronismo del siglo XXI, el PJ tecnológico. Ocurrió en San Martín, al oeste del Gran Buenos Aires, donde se estrenó una aceitada logística que incluyó códigos de barra y hasta equipos móviles computarizados para controlar que los votos prometidos lleguen a las urnas.

Con esa mecánica se potencia la «cadena» usada masivamente para marcar el voto: consiste en «robar» un sobre que luego ya firmado y con la boleta adentro se entrega al votante. Este, a su vez, debe guardarse el sobre que le dan en la mesa y entregarlo para que sea usado por el siguiente elector.

Con la cadena, el elector no puede modificar su voto sin que los punteros que controlan el proceso se den cuenta. Esa práctica es común en todas las elecciones y en la mayoría de los partidos. Para mejorar la eficacia del método, Eduardo Bustos -presidente del CEAMSE y desde anoche candidato del PJ a intendente de San Martín- ordenó que cada cacique presente una lista de votantes y a cada elector se le entregó un sticker identificado con un código de barras que debían llevar con el documento el día de la votación.

Luego instaló varias combis dotadas de computados en los puntos de mayor concurrencia de San Martín por donde los votantes tuvieron que pasar para registrar su asistencia.

Una vez terminado el proceso, el comando central podrá chequear si cada puntero cumplió llevando la cantidad de votantes prometida, Resuelto eso, quienes concurrieron a sufragar y respetaron el procedimiento, a partir de mañana podrán pasar a recibir las «regalías» que generó su voto.

A raíz de esa modalidad, algunos mordaces, bautizaron a San Martín el Silicon Valley del conurbano duhaldista. El gestor de ese ingreso al tercer milenio fue Bustos, desde anoche candidato a intendente por el peronismo en ese municipio.

Hubo detrás de esa pasión tecnológica razones monetarias: Bustos, como contó este diario la semana pasada, pactó con el matrimonio
Luis Barrionuevo-Graciela Camaño una lista común, que le implicó como efecto colateral que debía hacerse cargo del gasto de la elección.

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