10 de septiembre 2003 - 00:00

La fisura Kirchner-Lavagna envuelta ayer en desmentidas

El vocero de Roberto Lavagna debió ayer desmentir versiones que circularon dentro y fuera del gobierno sobre la renuncia del ministro de Economía. "Si un día decide irse del cargo, ustedes serán los primeros en enterarse", argumentó ante los periodistas, provocando más dudas. Y aunque Lavagna no vaya a alejarse del cargo, sí es cierto que su vínculo con el presidente Néstor Kirchner se resintió fuerte durante esta negociación entre la Argentina y el FMI. En primer lugar, el Presidente lo desautorizó en varios compromisos asumidos, como el caso de la renegociación con las privatizadas y la compensación a bancos. También es la opuesta la opinión del ministro sobre el pago al Fondo, ya que hubiera efectuado un desembolso parcial. Algo simbólico. Por último, para Kirchner el FMI endurece la posición, pero no "ayuda con fondos", hecho que diferencia la situación argentina de la de países como Brasil o Turquía. Algo que tampoco compartiría el ministro.

"Si un día Roberto Lavagna decide irse del cargo, ustedes serán los primeros en enterarse." Así intentó desmentir ayer el vocero del ministro, Armando Torres, las versiones que insistían en que su jefe había renunciado al cargo en el despacho de Alberto Fernández, el jefe de Gabinete. El argumento de que si un día adopta esa decisión la comunicará primero al periodismo es lo que volvió más sospechosa toda la declaración del funcionario.

La relación entre Kirchner y Lavagna quedó dañada en el curso de la actual negociación con el Fondo Monetario Internacional, lo que no significa que el ministro se vaya a alejar del gobierno. ¿Qué decía la versión que circuló ayer dentro y fuera del gobierno y que inquietó al mercado local hacia el mediodía?:

• La historia arrancó durante un almuerzo que mantuvo el Presidente el lunes con su esposa Cristina Fernández, el jefe de Gabinete, el canciller Rafael Bielsa y el ministro de Economía. La conversación se concentró en la estrategia de negociación con el Fondo. Kirchner ya había adoptado la decisión de no pagar si desde Washington no se emitía una señal clara de que habría acuerdo. Pero Lavagna insistió en que debía cumplirse con una parte del pago y evitar el cartel del default.

• La versión continuó con episodios de ayer por la mañana. Una visita del ministro al despacho de Kirchner y una negativa del Presidente a atenderlo. «Lo derivó a Alberto Fernández y eso indignó a Lavagna, que presentó allí su renuncia.» Un detalle de esta historia que se difundía ayer desde el gobierno y el Congreso: cuando Lavagna quiso ver a Kirchner, éste estaba encerrado con el presidente del Banco Central. Sin embargo este tramo no coincide con lo sucedido ya que Alfonso Prat-Gay visitó ayer al Presidente pero después de que Lavagna estuvo en la Casa Rosada. El error no es trivial: pretendió recoger una interpretación que ganó a algunos miembros del gobierno y es que Kirchner ha decidido multiplicar sus fuentes de información y comprensión de la negociación con el Fondo y que hoy sería más decisiva en su conducta la palabra de Prat-Gay que la de Lavagna. En Economía, donde se mantiene una enemistad automática con el Central, cualquiera sea su titular, existe predisposición a creer en esta idea.

• La renuncia no se concretó -sigue la historia- porque Kirchner se comunicó con Eduardo Duhalde y éste intervino en favor de su ex ministro. No importa si es cierto o no este episodio: lo curioso es que Duhalde teme desde hace semanas que, en el trámite de la negociación con el Fondo, aparecieran grietas entre Kirchner y Lavagna que desautorizaran al economista y lo pusieran al borde del gobierno. Ahora ese temor parece profético o, sencillamente, estaba muy bien informado.

• A las 13.30, Alberto Fernández almorzó con el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Camaño, y con el presidente del bloque de senadores del PJ, Miguel Pichetto. Reza el canon oficial que allí no se habló de ningún roce entre Kirchner y Lavagna y que el Presidente apareció en el encuentro durante un instante para decir que la negociación seguiría, que habría una propuesta enviada desde Buenos Aires a Washington y que tal vez para el fin de semana habría acuerdo. Sin embargo en el Congreso, cuando volvieron a sus despachos esos legisladores, se ratificó la existencia del conflicto: «Hubo un chisporroteo pero quedó saldado», fue la frase con que un gravitante diputado abrevió el episodio.

Hasta aquí la sintética exposición de los hechos, más o menos verosímiles. Lo que debe tenerse por cierto, sin embargo, es por lo menos lo siguiente:

• Kirchner desautorizó a Lavagna en algunos compromisos asumidos por el ministro, como el de la renegociación de los contratos con las empresas de servicios públicos y la compensación a los bancos con un bono por la pesificación asimétrica.

• El Presidente es el titular de la negociación y tensó la cuerda «por razones tácticas, no estratégicas». En otras palabras, no está dispuesto a hacer de la ruptura con el Fondo ni una bandera ni un objetivo estratégico. A esta imagen quiere abonar la versión de que ayer fue el propio Kirchner quien se negó a utilizar la cadena nacional para anunciar con bombos y platillos la decisión de entrar en default con el Fondo.

• La razón más importante por la cual el Presidente resolvió no pagar, inclusive contra la opinión de su ministro, es la creencia de que no se puede comparar el caso argentino con ningún otro (en referencia a Brasil o Turquía). A diferencia de esos países, sostiene Kirchner, a la Argentina «no la ayudan con fondos frescos y esto es tan inédito como el default». Desde esta perspectiva, el país es un caso inaugural en el sentido de que el Fondo está endureciendo su posición con un Estado que sobrecumplió las metas negociadas y cuya economía es la que más crece en la región.

• Otro motivo relevante de la decisión, según explicó Kirchner ayer a dos íntimos, es que «si no pagamos no existen perjuicios inmediatos, sobre todo porque la negociación seguirá y finalmente llegaremos a un entendimiento. No hago otra cosa que lo que me dijo Bush cuando me recomendó negociar duro con el Fondo».

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