La izquierda, contra la carnalidad
Los activistas de Izquierda Unida no necesitaron mucho para pronunciar el nuevo lema: la administración Kirchner ha inaugurado una nueva etapa en política exterior, la de las «relaciones carnales II». Aprovechan el llamado de George W. Bush a Néstor Kirchner desde Washington para apilar las críticas que esta izquierda, que conserva lo que queda del viejo PC, tiene contra el gobierno.
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«Hola, ¿cómo estás?», se sintió del otro lado. Era el presidente norteamericano en comunicación con el argentino.
Bush agradeció la participación de la Argentina junto con Chile y Brasil para colaborar en la «reconstrucción institucional, económica y social en Haití», aun con la mayoría de la población en contra. Así denomina este criminal al gobierno títere impuesto a sangre y fuego por ellos, apoyado vergonzosamente por Kirchner, Lula y Lagos en lo que se registrará, tal vez, como el acto más pro imperialista y servil que se haya conocido en la historia reciente.
«Agradezco el esfuerzo en sostener al gobierno de Carlos Mesa, siguió diciendo el yanqui. El mismo sostén que le dio Kirchner a Sánchez de Lozada, el viejo presidente echado por el odio popular por entregar el gas y las riquezas bolivianas. Hoy Mesa, su ex vice, quiere hacer lo mismo. Por eso, todo un pueblo nuevamente vuelve a la lucha. Y Kirchner sale a defenderlo otra vez para que siga succionando el gas de ese país, el de mayor reservas en Latinoamérica, para direccionarlo hacia el Norte y garantice a su amo el control de los cultivos de coca, con el verso de combatir el narcotráfico.
También, en el llamado, surgió el tema Venezuela: «Estamos muy preocupados por la compra de armas por parte de Chávez y el límite de las libertades públicas y al derecho de la propiedad privada que rige en ese país». Concepto que viene justamente del presidente que impulsó, junto con los golpistas venezolanos y las petroleras, el intento de golpe en 2002, sofocado por la decisión de todo un pueblo que lo derrotó en las calles empuñando legítimamente las armas. De esto, también ya Bielsa les había asegurado a los yanquis «contención» desde la Argentina, señalando que «Kirchner y Lula no lo van a acompañar muy lejos -refiriéndose a Chávez-, si va en la dirección que ustedes temen».
• Verdadera razón
Este gesto telefónico, que concluyó con esta frase, había sido precedido por otros acaecidos tras la visita de Scioli con el vice yanqui, Dick Cheney, en febrero; la de Donald Rumsfeld con Pampuro recientemente y la de Bielsa con Condoleezza Rice, en Washington, días atrás. El moño será puesto en noviembre, cuando ocurra en Mar del Plata la cumbre de presidentes, para la cual Bush ya contrató el Sheraton para alojarse y asistir. Visita que será repudiada por centenares de organizaciones, nacionales e internacionales, donde viajaremos para estar en una nueva jornada antiimperialista.
La verdadera razón de las afines relaciones de Kirchner con EE.UU. surgen ante la preocupación común, en el «antinorteamericanismo» que sigue manifestándose en la región, al cual hay que « canalizar» y «controlar» adecuadamente. Que lo intente Estados Unidos, vaya y pase. Que lo haga con la complicidad de Kirchner demuestra acabadamente que el argentino está dispuesto a seguir los pasos de anteriores gobiernos.
En cada extremo de la línea telefónica hubo otros actores. Antes, fueron Bush padre y Carlos Menem. Ahora, su hijo, con el actual presidente Kirchner.
Cualquier similitud no es casualidad. Más allá del doble discurso oficial, teñido de « nacional y popular», las relaciones carnales siguen vigentes. Ahora, bajo el novedoso y pérfido estilo K.



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