12 de abril 2004 - 00:00

La izquierda contra Policía Bonaerense

El reciente acto en que se anunció la conversión de la ESMA en un Museo de la Memoria” supuso una reivindicación para quienes atentaron con violencia contra la democracia en los años ’70.
El reciente acto en que se anunció la conversión de la ESMA en un Museo de la Memoria” supuso una reivindicación para quienes atentaron con violencia contra la democracia en los años ’70.
Miguel Bonasso, hoy diputado nacional, es un hombre peculiar de este momento de instalación de un gobierno de izquierda en la Argentina, consecuencia del ciego enfrentamiento de dos caudillos ajenos a esa ideología como Eduardo Duhalde y Carlos Menem. Bonasso, junto con Horacio Verbitsky, representa el castrismo cubano en el país. No sería importante por ellos mismos, porque ambos gozan de considerable rechazo hasta de las mismas organizaciones de izquierda. Estela de Carlotto, de Abuelas de Plaza de Mayo, alaba al kirchnerismo pero denunció a Verbitsky por manejo indebido de fondos públicos aprovechándose de una «Comisión de la memoria» con fondos bonaerenses. Además, compañeros subversivos de Verbitsky no le perdonan la forma cómo en los '70 cumplió la «prueba de sangre», accionando prematuramente el detonador de una bomba frente al edificio del Ejército y matando así a civiles inocentes para luego huir con el único vehículo disponible para el operativo, abandonando a su suerte al resto de sus compañeros de guerrilla.

• Militancia

Bonasso militó en «prensa» durante la subversión y ya fue señalado recientemente por compañeros de militancia como quien «la única bomba que escuchó en su vida fue en algún carnaval».

No obstante su escaso prestigio en sectores como ex Montoneros y ninguno, desde ya, entre los ciudadanos moderados y familiares de desaparecidos (ni Bonasso ni Verbitsky, por caso, se atrevieron a ir al penoso acto de toma de la ex ESMA) tienen un inusitado peso hoy en la Argentina: son consultores permanentes del presidente Néstor Kirchner. Completa el trío Hebe de Bonafini, que le aconseja -o le incentiva al mandatario- venganzas, eliminar fuerzas de seguridad y redimir las muertes del pasado mucho más que proteger las vidas de los ciudadanos hoy ante los delitos, por ejemplo. Y el Presidente sigue esos consejos de privilegiar la muerte a proteger la vida.

Precisamente, este especial Bonasso dijo el jueves en Diputados al tratarse la eliminación de excesos de permisividad y ligereza en las leyes que favorecen la inseguridad esta memorable frase: «Se ha perdido la oportunidad de debatir aquí temas importantes como la LIQUIDACION de la Policía Bonaerense».

Grave, alarmante, coincidente esto con las palabras del propio presidente de la Nación, que el 1 de abril -día del acto masivo más importante, precisamente, contra la inseguridad en 20 años de retorno de la democracia- también sin pruebas, le echó toda la culpa del asesinato del joven Axel a «la Bonaerense».

Sin refregar en el rostro que el lunes pasado -4 días después del apresurado prejuzgamiento presidencial-se detuvo a un subcomisario de la Policía Federal, no de la Bonaerense, presuntamente vinculado a la banda ya identificada que asesinó al joven Axel, veamos qué surge de la terminología de este Bonasso:
«LIQUIDAR», como palabra, tiene similar intención a «ANIQUILAR», término nefasto incluido en 1975 en el decreto que rubricó la ex presidenta María Estela Martínez de Perón para poner en marcha el feroz y sangriento terrorismo de Estado contra los subversivos, equiparando así -con mucho mayor poder desde la represión, lo cual la hace más culpable-las barbaries. Se vio una vez más que los extremos, en definitiva, se unen. Por eso carece de sentido histórico, reivindicatorio y de utilidad remover el pasado con museos al rencor de una parte como será la ex ESMA. Volverán, además, a las cárceles ex militares que reprimieron con alevosía, pero ¿deben permanecer libres Vaca Narvaja, Firmenich o Gorriarán Merlo cuando este último sólo atinó a referir sobre el asesinato de la hija de 3 años en brazos de su padre, un militar simple el capitán Viola en Tucumán por el ERP, que «fue un error». Pero ¿era simple un «error» cuando a jóvenes inexpertos, para «atarlos» por complicidad a «la organización» para usarlos como carne de cañón les exigían, los Gorriarán Merlo, Firmenich, Mario Santucho y tantos otros jefes adultos, la « prueba de sangre» que habitualmente consistía en traer un arma arrebatada a un uniformado -militar o policía-debiendo ser asesinado al sustraérsela en aquellos años '70 que hoy se están actualizando?

La venta privada de los 170.000 metros cuadrados de la ESMA, dada su excepcional ubicación, más los millones que costará el trasladar liceos y organismos que ahora funcionan allí y la futura remodelación para ser un «museo al rencor», costará al erario tal cantidad de fondos que cubrirían la casi totalidad de los 800 millones de pesos que el gobernador Felipe Solá pidió para más policías y dar seguridad a un territorio que agrupa por sí solo 40% de la población de todo el país. Por eso, ¿redimir las muertes de los '70, de un solo lado aunque las hubo en ambos, vale más que proteger la vida de los jóvenes y ciudadanos en general de este siglo XXI, donde el joven Axel de 23 años es sólo un símbolo?

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