16 de septiembre 2003 - 00:00

La izquierda se extingue en provincia de Buenos Aires (en realidad, en todo el interior)

La izquierda quedó, prácticamente, borrada del mapa bonaerense. Siete sellos no alcanzaron para superar, con escasez, el medio millón de adhesiones. El caso más contundente: el piquetero oficial Luis D'Elía arañó 44 mil votos (0,76%) con su nominación a gobernador por Cambia Buenos Aires, lo cual demuestra que sólo consiguió fidelidad entre los beneficiarios de planes sociales que él mismo gerencia en La Matanza. Al cortador profesional de calles y rutas tampoco lo ayudó el «efecto K», no obstante que se ofreció a «defender a los tiros» cualquier complot contra Néstor Kirchner, en un exabrupto de campaña.

Más contundente fue el corte de boleta que perjudicó a Alejandro Mosquera, aspirante a diputado nacional por esa misma lista. El ex jefe de la Juventud del PC obtuvo 200 sufragios menos que D'Elía (parecen muy lejanos los tiempos en que Mosquera, devenido en heredero de amplio espectro de Osvaldo Mércuri, dominaba la Legislatura bonaerense con la Alianza UCR-Frepaso en 2000, devenida en una formidable «caja» política).

Si lo de D'Elía-Mosquera resulta patético, lo de Izquierda Unida suena decepcionante.
A pesar de que el PC y el trotskista MST se asociaron con el reunificado Partido Socialista para esta incursión electoral, ni siquiera pudieron emular la performance de 2001, cuando IU llevó a Patricia Walsh al Congreso.

Comunistas y emeeseteístas llegaron a denunciar en aquellos comicios que les habían birlado otras 2 diputaciones nacionales en el reparto de sillas. Esos cargos, supuestamente, fueron a manos de la hija de Aldo Rico, María del Carmen Rico (PJ), y de Lucrecia Monteagudo (dirigente del PI, hoy ligada al ARI y, entonces, miembro del farinellista Polo Social).

Los presuntos damnificados, Juan Carlos Giordano y Miriam Sonnati, tuvieron que confortarse con denunciar la supuesta usurpación. Y esperar la revancha. Ambos, que habían secundado a Walsh, encabezaron ahora la ristra de postulantes. Pero tendrán que postergar, una vez más, sus anhelos legislativos.

El socialismo, que confiaba mejorar la performance de 1,20% de las presidenciales de abril, perdió un diputado, ya que Oscar González se quedó sin la reelección por haber ocupado la tercera ubicación en la papeleta de IU-PS. En ese sentido, el retroceso se acentúa, mientras siguen derramando lágrimas por el maestro Alfredo Bravo.

El resto de las fuerzas apostaron a buscar rédito con caras trilladas en esa comarca ideológica. El Partido Obrero armó su fórmula a la gobernación con Christian Rath y Daniel Rapanelli, aunque el objetivo consistía en darle un escaño parlamentario a Jorge Altamira. El actual legislador porteño ( José Wermus) apostó sus fichas a la provincia con resultado magro, 80 mil votos. Por lo menos, su fama le redituó casi 6 mil avales más que Rath-Rapanelli.

Hasta lo que quedó del Polo Social -el sello fundado y fundido por el cura
Luis Farinello padeció el rechazo: el metalúrgico Francisco Gutiérrez (a) «Barba» apenas superó los 31.500 sufragios en las elecciones bonaerenses. Sólo le pudo ir peor a José Montes, del selecto club trotskista PTS. El único obrero del Partido de Trabajadores Socialista -los maledicentes sostienen que todos los demás militantes son intelectuales y/o universitarios-volvió a exponerse a la lidia comicial por magros 23 mil apoyos (0,4%).

La izquierda, en vista de semejantes guarismos y de su virtual extinción en el resto de las provincias, parece condenada a recluirse en la Capital Federal, donde creció esa franja electoral. A partir del 10 de diciembre habrá 9 legisladores (incluida la sanitarista
Vilma Ripoll, del MST), y 2 diputados nacionales que se sumarán a Luis Zamora, con mandato hasta 2005.

Precisamente, el creador de Autodeterminación y Libertad y ex referente del MAS logró esas 8 plazas en la Legislatura y un par en el Congreso
gracias a que disimuló su perfil marxista, camuflándose en un asambleísmo nostálgico de los «cacerolazos» de fines de 2001 y no de la IV Internacional de León Trotsky.

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