22 de junio 2005 - 00:00

La pelea baja al reparto los cargos provinciales

Néstor Kirchner, con la escolta de Carlos Zannini, recibió ayer a Felipe Solá y al intendentede Mar del Plata, el radical Daniel Katz. El motivo fue firmar un convenio de obras públicas,pero no faltaron los guiños políticos.
Néstor Kirchner, con la escolta de Carlos Zannini, recibió ayer a Felipe Solá y al intendente de Mar del Plata, el radical Daniel Katz. El motivo fue firmar un convenio de obras públicas, pero no faltaron los guiños políticos.
Desactivadas -al menos temporalmente- las señales de alarma, el peronismo comenzó ayer a remar en el barro de un acuerdo político que, aún con forceps y una ristra de heridos, permita evitar una confrontación electoral entre Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde.

Nada garantiza que, en la hora final, el pacto se cristalice. De hecho, Chiche Duhalde reanudó ayer sus giras por el conurbano y anoche encabezaba una cumbre de dirigentes en Lanús mientras felipistas y kirchneristas respaldaron, una vez más, la postulación de Cristina Fernández.

Así y todo, de a poco comenzó un tráfico de ofertas y contraofertas para ordenar el capítulo más pastoso de la agenda del acuerdo: el reparto de las bancas provinciales. Ese es el botín que Duhalde quiere preservar a toda costa y Felipe Solá pretende capturar.

• Alternativas

Esa cuestión es, por estas horas, el ombligo del peronismo. Y en medio de la cautela general surgieron indicios y alternativas para comenzar a imaginar una solución a la crisis interperonista en torno a las candidaturas bonaerenses:

1-
Que no exista una fórmula-única como la que, en su momento, propuso el gobierno y que consistía en repartir en tercios las listas entre kirchneristas, duhaldistas y felipistas.

2-
Esa distribución podría suplirse por negociaciones seccionales de las que participaríanlos tres sectores -los K, los D y los F- exponiendo, cada uno, su poder real.

Ese formato es animado desde la Casa Rosada y el duhaldismo y, con ciertas condiciones, no es mal visto por los felipistas que, sin embargo, dicen preferir un enfrentamiento.

Con tono pro concordia, el ministro del Interior,
Aníbal Fernández, ayer dio una pista: «No va a haber -dijo- un acuerdo superestructural entre Duhalde y Kirchner».

El Fernández de Quilmes transparentó lo que despunta como una variable de acuerdo: que el Presidente y el ex negocien -aún a la distancia- las boletas nacionales pero dejen librada a la pulseada entre los caciques locales el armado de las listas seccionales.

Como informó este diario,
el duhaldismo empezó ayer a derrumbar la hipótesis de un enfrentamiento en la cima del peronismo -a pesar de que continúan los empellones contra el gobernador- y se abocó, en varias reuniones, a imaginar una ingeniería electoral para proponerle al gobierno.

Sería la contraoferta a la teoría de los tercios que dos semanas atrás
Alberto Fernández le transmitió a José María Díaz Bancalari. Para los duhaldistas, ayer lo dijo a viva voz Juan José Mussi, uno de los enlaces entre Duhalde y la Casa Rosada, esa propuesta es «inaceptable».

En realidad, lo que el duhaldismo propugna es volver a los métodos históricos de negociación: la pulseada entre los jefes locales que antes se sentaban como parte de un panduhaldismo ahora lo harán con la camiseta de duhaldismo, kirchnerismo o felipismo.

Un ejemplo: en la Primera Sección, por años,
Hugo Curto y Raúl Othacehé pulsearon por la jefatura regional pero siempre pactaron. Curto sigue con Duhalde y Merlo es un neo-K. ¿Por qué no puede resolverse como en el pasado reciente vía charla entre los caciques?

No es el escenario soñado por Solá. Luego de un fin de semana en silencio, el gobernador abrió la puerta de un acuerdo y se puso en manos de Kirchner. «Confía en la capacidad estratégica del Presidente» para «garantizar la gobernabilidad» en la provincia.

Lo de Solá es un llamado de atención: Kirchner le prometió que si avanza en un acuerdo con Duhalde no sólo lo sacará de la mesa de negociación sino que actuará como garante para que el gobernador cuente con mayorías en la Legislatura.

• Ventaja

Eso se traduce en números. En octubre se renuevan 46 bancas de diputados y 23 de senadores de las cuales el felipismokirchnerismo pide 20 diputaciones y 11 senadurías para, desde el 10 de diciembre, tener bloques mayoritarios en el Congreso bonaerense. A simple vista es una demanda abismal en función de lo que hay para repartir. Pero Solá cuenta con una ventaja: el interior provincial, donde tiene el mayor número de aliados, cuenta proporcionalmente con más cantidad de legisladores que el conurbano.

Datos para anotar: de los 46 diputados a repartir,
el interior elige 28 mientras que se reparte 15 de los 23 senadores a elegir en los comicios de octubre. Es decir: 60% de los diputados y casi 80% de los senadores surgirán del interior provincial.

También es cierto que el felipismo, con una buena elección contra
Duhalde, tiene chances de conseguir la cantidad de legisladores que necesita como el agua para que los dos años de gobierno que le quedan no se conviertan en una caminata, desnudo, por Irak.

Del otro lado responden sin vueltas:
«Si tienen lo que dicen que tienen que vayan a una interna en el PJ y ahí se resuelven las diferencias y se define quién manda en cada sección», señaló ayer un duhaldista, con la cara pintada.

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