10 de julio 2007 - 00:00

La sucesión conyugal no asegura éxito en política

Interesante el ángulo con que un observador de España, país que tiene un régimen monárquico, analiza la matrimonialización de la política argentina. Una periodista del diario «El Mundo» de Madrid, Fátima Ruiz, repasó la suerte que han corrido experiencias similares.

Hillary Clinton
Hillary Clinton
En la salud, en la enfermedad, en la riqueza, en la pobreza... y en la política. En pocos meses Néstor Kirchner y Bill Clinton podrían regresar a sus respectivos hogares rosado y blanco como actores secundarios en el aún exótico papel de primeros maridos. Y como teloneros de sus esposas -las senadoras Cristina Fernández y Hillary Clinton- no han ahorrado piropos al defenderlas como dignas herederas de sus tronos.

Si Kirchner apostaba la semana pasada por su mujer para gobernar la Argentina «mucho mejor» que él, Clinton se descolgaba en Iowa con la afirmación de que Hillary es «la mejor combinación de mente y corazón» que ha conocido en 35 años.

«The comeback kid» (apodo que hace honor a su cualidad de Ave Fénix) resucitaba así a la política poniendo su magnetismo -no todo, por el riesgo de eclipsar a la protagonista- como estribo que aúpe a su mujer al caballo ganador en las primarias demócratas. «Estaría aquí hoy aunque no estuviésemos casados», dijo el miércoles Bill antes de abrazar a Hillary y hacerse a un costado.

Pero ambos matrimonios son sólo los últimos casos de dinastías políticas que han protagonizado a menudo la historia reciente. El más obvio por vecindad argentina, el de Juan Domingo Perón, que hizo de sus esposas el gran capital de sus dos mandatos (1945-55 y 1973-74). La primera, Evita Duarte, que no llegó a ostentar cargo concreto, fue entronizada como el ángel de los descamisados en su país. Su muerte otorgó al esposo y al peronismo un mito sobre el que apuntalarse como abanderado de los humildes y contribuyó a su regreso al gobierno casi 20 años después. Poco antes de fallecer, el general designó como heredera a su segunda mujer, «Isabel» Martínez, protagonista de una convulsa etapa que desembocó en el golpe de 1976.

Si «Isabelita» Perón se enroló en política por decisión ajena más que por vocación propia, otro tanto sucedió a Sonia Gandhi, heredera de la mítica familia omnipresente en la India desde su independencia. El asesinato de su marido, Rajiv Gandhi, en un atentado suicida tamil echó sobre sus hombros el peso de un apellido que sigue siendo la principal baza del Partido del Congreso hoy en el poder. Renuncia al cargo.

La tragedia de su esposo fue sólo una más en la historia familiar. Su madre, Indira Gandhi -que gobernó la India entre 1966-77 y 1980-84- fue asesinada por guardaespaldas sijs en venganza por haber atacado un santuario de Amritsar para aplacar las veleidades nacionalistas del Punjab.

  • Renuncia

    Y su hermano Sanjay falleció en un accidente aéreo. La muerte de su marido volvió todos los ojos hacia Sonia, aplacando la desconfianza que generaron en un principio su ascendencia italiana y las minifaldas de sus primeras comparecencias públicas en un país amante del sari hasta los pies.

    A pesar de su rechazo al papel de heredera de la saga que comenzara con Jawaharlal Nehru aceptó a regañadientes dirigir el partido en 1998. Sin embargo, y pese a su victoria en las elecciones de 2004, renunció por sorpresa al cargo, aunque mantiene el control de su formación.

    Otra viuda, Corazón Aquino, tomó el relevo político de su marido -Benigno Aquino, ministro en distintos gobiernos filipinos y opositor a la dictadura de Ferdinand Marcos-cuando en 1983 fue asesinado en el aeropuerto de Manila a su regreso del exilio. Su primera decisión fue mudarse de un palacio presidencial demasiado ostentoso para el estándar de miseria reinante.

  • Impulsores

    Y si los maridos de Sonia Gandhi y Corazón Aquino fueron impulsores involuntarios de las carreras de sus esposas, el de Benazir Bhutto, en el vecino Pakistán, ha sido siempre su peor dolor de cabeza. Hija del primer ministro Zulfikar Ali Bhutto, ejecutado tras el golpe militar de 1977, pasó de encarnar el símbolo de la modernidad a ser sinónimo de corrupción.

    Exiliada desde 1999, la que fuera una de las primeras ministras del mundo islámico afronta en su país varios cargos judiciales que ella achaca a motivaciones políticas y en los que ha jugado un gran papel su compañero sentimental: Asif Zadari, que ocupó importantes cargos durante los dos mandatos de su mujer (1988-90 y 1993-96), está acusado de haber robado al erario millones de euros ocultos en cuentas secretas.

    Pero la política no siempre sirve de cemento al matrimonio. Para muestra, el reciente naufragio de la pareja estrella del socialismo francés, Ségolène Royal y François Hollande, que no ha resistido el golpe del fracaso electoral frente a Nicolas Sarkozy.
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