La sucesión conyugal no asegura éxito en política
Interesante el ángulo con que un observador de España, país que tiene un régimen monárquico, analiza la matrimonialización de la política argentina. Una periodista del diario «El Mundo» de Madrid, Fátima Ruiz, repasó la suerte que han corrido experiencias similares.
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Hillary Clinton
Y su hermano Sanjay falleció en un accidente aéreo. La muerte de su marido volvió todos los ojos hacia Sonia, aplacando la desconfianza que generaron en un principio su ascendencia italiana y las minifaldas de sus primeras comparecencias públicas en un país amante del sari hasta los pies.
A pesar de su rechazo al papel de heredera de la saga que comenzara con Jawaharlal Nehru aceptó a regañadientes dirigir el partido en 1998. Sin embargo, y pese a su victoria en las elecciones de 2004, renunció por sorpresa al cargo, aunque mantiene el control de su formación.
Otra viuda, Corazón Aquino, tomó el relevo político de su marido -Benigno Aquino, ministro en distintos gobiernos filipinos y opositor a la dictadura de Ferdinand Marcos-cuando en 1983 fue asesinado en el aeropuerto de Manila a su regreso del exilio. Su primera decisión fue mudarse de un palacio presidencial demasiado ostentoso para el estándar de miseria reinante.
Y si los maridos de Sonia Gandhi y Corazón Aquino fueron impulsores involuntarios de las carreras de sus esposas, el de Benazir Bhutto, en el vecino Pakistán, ha sido siempre su peor dolor de cabeza. Hija del primer ministro Zulfikar Ali Bhutto, ejecutado tras el golpe militar de 1977, pasó de encarnar el símbolo de la modernidad a ser sinónimo de corrupción.
Exiliada desde 1999, la que fuera una de las primeras ministras del mundo islámico afronta en su país varios cargos judiciales que ella achaca a motivaciones políticas y en los que ha jugado un gran papel su compañero sentimental: Asif Zadari, que ocupó importantes cargos durante los dos mandatos de su mujer (1988-90 y 1993-96), está acusado de haber robado al erario millones de euros ocultos en cuentas secretas.
Pero la política no siempre sirve de cemento al matrimonio. Para muestra, el reciente naufragio de la pareja estrella del socialismo francés, Ségolène Royal y François Hollande, que no ha resistido el golpe del fracaso electoral frente a Nicolas Sarkozy.



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