La UCR lavagnista ahora rearma todas sus piezas
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Roberto Lavagna
Ayer, mientras participaba en una reunión del comité nacional junto con el radicalismo de Catamarca, Eduardo Brizuela del Moral, y los jefes de bancadas, Ernesto Sanz y Fernando Chironi, Iglesias intentó relativizar sus protestas del miércoles en la sede partidaria: «No hay ninguna fractura en el seno del radicalismo, aunque es cierto que hay una fuerte discusión en torno a las posturas para reafirmar al partido como polo de oposición».
Fue una respuesta a las declaraciones del vocero de Lavagna, Alberto Coto quien, tras el desaire de Iglesias, salió a alardear: «No quiero ser pedante, pero el soporte político de Lavagna no depende exclusivamente del radicalismo, ni mucho menos».
Bajo esas circunstancias, entonces, otros parecen ser los problemas más urgentes por enfrentar. El radicalismo tiene hoy absolutamente municipalizada su discusión interna. Esto significa que ante la ausencia casi total de gobernadores partidarios terciando en las decisiones -están lanzados en la concertación y, por lo tanto, forman un núcleo aparte-, los intendentes que no siguieron a esos caciques provinciales tomaron una mayor importancia relativa.
El problema es qué están haciendo hoy esos intendentes. Por lo pronto, muy pocos apoyan la candidatura de Lavagna. Podría afirmarse que, salvo los radicales entrerrianos, que no fijaron posición, y los santafesinos, que corren peligro de ir en otra alianza con el socialismo, la mayoría de los intendentes partidarios votaría hoy la opción de ir a elecciones presidenciales con un candidato propio.
Esta posición está muy lejos de un suicidio político y tiene explicaciones claras. Los que siguen a Margarita Stolbizer tienen entrenamiento storanista en esto de negociar cargos en la provincia. De hecho, ven hoy a su ex referente lidiar con la candidatura de Lavagna como única chance de volver a integrar una lista de diputados nacionales con alguna opción de ingresar. Federico Storani y Leopoldo Moreau podrían dar cátedra sobre cómo sobrevivir en estas circunstancias casi sin votos.
Pero no son los únicos. En la última reunión de la convención de la UCR de Córdoba, el fin de semana pasado, Mario Negri, diputado y presidente del radicalismo provincial, tuvo que aceptar -no muy a regañadientes- que ese cuerpo se decidiera por marchar a 2007 con candidato propio. La presión de los intendentes cordobeses no le permitía otra cosa: no les gusta Lavagna y les sale muy caro ese nivel de enfrentamiento con el gobierno.
Y en esas presiones está precisamente el principal movimiento que hoy aqueja a la UCR: muchos intendentes pueden declarar que no apoyan la concertación de Kirchner, pero nunca abrazarse a la candidatura de Lavagna. Ese límite se los impone el propio gobierno cuando deben lidiar día a día con las cuestiones urgentes de cada gestión. Lo dijeron los intendentes radicales que se reunieron en el Club Lalín el miércoles al mediodía. Igual que los «margaritos» apoyan a Terragno o a Sanz como candidato a presidente y buscan sumarle un socialista de vice. Se lo dijeron también al propio Sanz y a Terragno personalmente.
Para Kirchner, es hoy tan importante que su movimiento de radicales concertadores liderados por el mendocino Julio Cobos apoye la futura fórmula del Frente para la Victoria como que se vacíe el espacio político de Lavagna.
La prueba es que algunos de los intendentes que acordaron con los postulados de Vicente López -donde los gobernadores y municipios de la UCR K lanzaron su movimiento- comenzaron a aparecer por los círculos partidarios con un discurso similar al que sostienen los seguidores de Stolbizer.
Nadie puede hoy pensar que el planteo de Margarita -una de las máximas opositoras al gobierno dentro de la UCR- pudiera terminar siendo funcional a Kirchner. Pero llama a la atención en el alfonsinismo que intendentes K se acerquen al partido rechazando esa imagen de Cobos aplaudiendo mientras Kirchner criticaba al radicalismo en Mendoza y proponiendo también ese límite del candidato propio.




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