A 15 días de las elecciones, el peronista santafesino Oscar Lamberto se metió curiosamente en medio de la campaña y las entrañas del modelo duhaldista en un libro donde cuenta sus cien días a cargo de la Secretaría de Hacienda, a comienzos del actual gobierno. De acuerdo con el relato, Eduardo Duhalde se dejó llevar por Ignacio de Mendiguren en contra de la opinión de Jorge Remes Lenicov a la hora de determinar la pesificación asimétrica y decidió la cuestión en la soledad de Olivos sin tener a su lado al ministro de Economía.
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«Una parte de la prensa presionaba como cualquier sector. Las empresas tenían una idea clara de cómo salvarse y cómo podían beneficiarse con una licuación de deudas. Fue uno de los puntos clave para entender las decisiones que se tomaron durante la crisis», dice Lamberto, refiriéndose sin mencionarlo al monopolio «Clarín». «La noche en que Eduardo Duhalde debió decidir de qué forma se pesificarían deudas y depósitos estábamos Remes Lenicov, yo, Ignacio de Mendiguren y otro integrante de la UIA. Sentados en Olivos debatimos las variantes durante horas. De Mendiguren y la Unión Industrial querían una pesificación de depósitos 1 a 1,40 y licuación de deudas uno a uno. Remes quería algo más equilibrado, que no hubiera tanta diferencia. En la pesificación estaban de acuerdo, pero no en los montos. Duhalde terminó diciendo: 'Voy a pensarlo, mañana les contesto'. Al día siguiente a la mañana me llamó Remes sin mucha alegría: 'Ya se decidió, sale 1 a 1,40'», contaba ayer Lamberto.
«Duhalde dudaba de arreglar o no con el fondo y nos dábamos cuenta. Había actitudes en el gobierno que no eran claras en ese sentido», dice Lamberto con relación a la negociación del primer acuerdo con el FMI que Remes no llegó a concretar.
Para entender la forma en que se tomaron las primeras decisiones en el gobierno de Duhalde, sirve la anécdota sobre el financiamiento de los planes de Jefas y Jefes de Hogar. En esos momentos Lamberto reconocía, siempre en declaraciones en off, el voluntarismo de Hilda González de Duhalde cuando quería llevar adelante alguna medida en el campo social, la falta de financiamiento no era un escollo para sus planes. «Del Plan de Jefas y Jefes me enteré en una comida en Olivos. Recién allí tuve conocimiento que se había implementado. Eso sucedió una semana antes de que me fuera de la Secretaría de Hacienda y en ese momento me di cuenta de que nunca me habían consultado sobre el tema cuando era yo, como encargado de los fondos del Tesoro, quien tenía que pagarlos», dice ahora el senador.
Una de las obsesiones en ese entonces de Lamberto era corroborar desde adentro del Ministerio de Economía la forma en que se evadían impuestos y cómo el sistema tributario argentino estaba armado a la medida de los evasores. «En el libro contamos todos los bolsones que existen para no pagar impuestos», dice.
También está redactada la historia de los primeros días de la devaluación y las presiones de los exportadores que no querían liquidar dólares: «Nos decían: 'Nosotros no somos el problema, somos la solución; páguenos la deuda y nosotros empezamos a liquidar», todo en referencia a la deuda por liquidación de IVA que el Estado mantenía y mantiene con los exportadores. «Fue el momento más jodido, subían los precios, subía todo y ellos no liquidaban. Era el momento justo para que nos apretaran y lo sabían», explica Lamberto.
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