La tarea del comando de campaña de Carlos Menem en estas horas es cerrar acuerdos con los caciques del PJ de todo el país para que sumen su gente a la tarea de fiscalización. La mayoría de los distritos, salvo los amigos incondicionales como La Rioja, Salta y La Pampa, eludirá un compromiso expreso con alguna de las alianzas.
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Por eso, confía mucho el menemismo en las conversaciones con dirigentes de todo el país para que, de manera informal y respetando los acuerdos que tengan como gobernadores o jefes «sin techo» con el gobierno de Duhalde, igual les manden los fiscales.
En distritos grandes como Santa Fe y Córdoba están avanzadísimas las conversaciones para que Carlos Reutemann o José Manuel de la Sota declaren libertad de acción, pero por debajo manden la gente a controlarle los comicios a Menem.
El menemismo ha imaginado un recurso para cristalizar ese compromiso, que es lanzar una campaña de afiliación paralela de adherentes extendiendo un carné de pertenencia al menemismo. Lleva una foto de Menem, identifica al portador como menemista y, antes de que haya salido de imprenta la primera gruesa de carnés de menemista, ya hay pedido de 30 y 50 mil de las provincias más grandes.
Optimistas, los gerentes de la campaña menemista creen que esa demanda que trasmiten los caciques del interior del carné de menemista es una prueba de que hay una ola que puede convertir a su jefe en presidente en primera vuelta.
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