Cuando se lanzó la ocurrencia de negociar con el FMI en conjunto con Brasil, Rafael Bielsa habló de acuerdo histórico. No contemplaba, en su inexperiencia, que pedir juntos podía implicar conseguir por separado. Y en detrimento para la Argentina. Es lo que sucedió: la solicitud binacional de que no se consideren las inversiones en infraestructura para el cálculo del gasto público le sería concedida solamente a Brasil. Esto vuelve más notorio un aislamiento argentino que, sin la ocurrencia de Bielsa, podría haberse disimulado. Pésima estrategia. ¿Se verificará el mismo revés en el plano energético, donde el gobierno pretende sumarse a una empresa sudamericana de petróleo con la venezolana Pedevesa y la brasileña Petrobras?
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