Cada trabajo, oficio o actividad tiene sus secretos, y en especial se dice que la calle tiene sus códigos para quienes buscan en ella un modo de vivir (los «busca», les dicen). Será por esas cuestiones que al macrismo no le resultó sencillo - en las últimas horas de campaña electoral- hacer correctamente los deberes que les impuso el candidato Mauricio Macri: recorrer los vagones de los subterráneos porteños en busca de votos, presentarse y arengar. Ayer, por ejemplo, en un horario en que el desfile de vendedores, músicos, pedigüeños y afines es el más concurrido, se vio casi desesperar a tres postulantes (de los no conocidos) del PRO. Los hombres ingresaron con rapidez en uno de los vagones del subterráneo que recorre la avenida Corrientes. Con prisa, sin detenerse en presentaciones ni mucho menos, entregaban - como los vendedores ambulantes una esquela de propaganda a cada pasajero y casi no llegaron al final del vagón cuando debieron abandonarlo. Es que primero estaba un muchacho tocando la guitarra, quien dio paso a otro que ofrecía figuritas infantiles y éste a un no vidente que esperaba monedas del pasaje. Todo con una coordinación casi de cronómetro, de la que evidentemente no participan los políticos. Romper esos diagramas, dicen, es costoso en la calle. De todos modos, los activistas del PRO contaron con refuerzo especial: la propaganda con foto de Macri incluida ya estaba visible en los carteles iluminados que cuelgan en los vagones, esos que anuncian cuál es la próxima estación.
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