Alberto Balestrini, presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, estuvo escoltado por el cacique de la CGT, Hugo Moyano. Alberto Fernández y Felipe Solá también repartieron saludos. Daniel Scioli fue uno de los primeros en llegar al acto de asunción de Jorge Telerman.
Un acto rimbombante con variedad de invitados y una jura que, si no fuera por la sinceridad del discurso («este gobierno nace sobre las ruinas de Cromañón»), pareceríael festejo de una elección conquistada. Además, se hizo una jura, cuando, por cierto, al asumir su cargo de vicejefe de Gobierno porteño, en 2003, Jorge Telerman ya le había prometido a Dios y a la Patria cumplir con su deber.
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Sin embargo, permitió que Telerman jurara la posición que le deja el destituido Aníbal Ibarra, una situación anterior. Fue cuando el primer intendente electo de la Capital Federal, Fernando de la Rúa, dejó su puesto tras el triunfo de la extinta Alianza para asumir como presidente de la Nación. Lo reemplazó el entonces vicejefe de Gobierno, Enrique Olivera, quien, con más pompa aún que ayer Telerman, fue el centro de una ceremonia para tomar el mando y jurar su cargo en la Legislatura porteña.
En ese momento, se dio la discusión sobre que, en realidad, ya había jurado Olivera y que dentro de su función de vicejefe estaba reemplazar al jefe porteño en caso de acefalía. Ernesto Marcer, el procurador de la Capital Federal en aquellos años, emitió, sin embargo, un dictamen con el cual justificó una nueva jura.
Con ese documento, que refrescaba ayer el peronista Santiago de Estrada -titular de la Legislatura porteña-, Telerman pudo asumir y repetir el juramento por Dios y por la Patria que hizo antes que Ibarra el 10 de diciembre de 2003. Ese día, además, el nuevo mandatario opinó con ironía: «Soy un peronista en un gobierno que no lo es», algo que dirían hoy los ibarristas remanentes en el gobierno de Telerman, claro.
El nuevo alcalde completaráel mandato de Ibarra hasta diciembre de 2007, es decir, su estada durará un año y nueve meses. Es uno más de los intendentes electos que no permanecerá lo que el cargo dura, es decir, cuatro años. Primero fue De la Rúa, quien se retiró al resultar presidente (vale recordar que su caso es único, nunca completó mandatos); luego, Olivera, que lo reemplazó hasta agosto de 2000, cuando asumió por primera vez Ibarra. El entonces aliancista abarcó un período que se acortó tanto para las autoridades porteñas como para los legisladores con el fin de utilizar una cláusula transitoria de la Constitución porteña, que permitía ese cambio «con el fin de hacer coincidir las elecciones nacionales con las locales» (aunque luego en la práctica no fueran juntas esas votaciones). Así, Ibarra, quien es reelecto en 2003, trunca por la destitución su mandato a los dos años y tres meses.
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