"Lavagna 2007" se lanzó en una reunión de golfistas
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Cavalieri, Alfonsín, Ruckauf y Toma.
En la casa de Ruckauf resonaron los ecos de otras conversaciones referidas a la misma candidatura. Fue en Villa Gesell, en otra de las propiedades del ex gobernador, donde por primera vez se le expuso a Duhalde la conveniencia de que fuera Lavagna y no Kirchner el representante del PJ bonaerense en las elecciones presidenciales de 2003. La relación entre Ruckauf y Lavagna es antigua y el diputado Coto tiene bastante que ver con ella: él era diplomático del ala comercial en la Secretaría de Industria cuando el ministro se desempeñaba en esa área. Eran tiempos de Alfonsín. Lavagna y su mentor se reencontraron después de años, cuando Ruckauf se convirtió en canciller y el economista ocupaba la representación ante la Comunidad Europea, en Bruselas, donde fue designado por Fernando de la Rúa. Lo que era un trato formal se hizo más cálido en el momento en que Ruckauf defendió enfáticamente a Lavagna ante Duhalde por los reproches que se le dirigían al entonces embajador en relación con la administración de la Cuota Hilton. Bernardo Cané, ex titular del SENASA, ejercía el rol de fiscal que ahora le toca a la diputada santafesina María del Carmen Alarcón por el mismo tema.
Pero la jugada que verdaderamente consolidó el lazo entre Ruckauf y Lavagna fue la que llevó al embajador en Bruselas al Ministerio de Economía. Duhalde tenía la intención, como fue público, de designar a Alieto Guadagni en esa cartera. Pero ante las objeciones que llegaron desde el interior del país, el canciller consiguió tomar la cartera con su amigo embajador. Desde entonces no necesitan hablar para entender el juego. Como advirtió Duhalde el día en que los matrimonios Ruckauf y Lavagna lo invitaron a Villa Gesell, a la casa del primero, para convencerlo de voltear la candidatura de Kirchner, postergar las elecciones y llevar como bandera al economista.
El caudillo de Lomas no aceptó la propuesta. Pero Ruckauf cree que hay un destino presidencial para su amigo que podría realizarse en 2007. El viernes, en su asado, lo explicó claramente, en un intento por matar dos pájaros de un tiro: «Si queremos tener una opción en 2007, debemos pensar en una estrategia este mismo año». Arremetió, entonces, contra Felipe Solá, «a quien hay que derrotar si aspiramos a conquistar la Rosada con Roberto», como explicó uno de los asistentes a este diario. Fue muy curiosa la caracterización que hizo de Solá quien fue su compañero de fórmula en las elecciones de 1999. Se refirió a la vida pública, pero también a rasgos personales del gobernador. Ruckauf puso como testigo de esas evidencias al intendente de Merlo, Raúl Othacehé, y terminó haciendo una comparación algo insólita entre Solá y el ex intendente de Rosario, Hermes Binner. Corrían los vinos italianos a esa hora: no porque los bonistas de ese país adhieran con regalos a la promoción de Lavagna, sino porque Ruckauf es ahorrativo y conserva algunos recuerdos de su paso por la embajada en ese país, adonde lo envió
Carlos Menem (fue un error, pensaba destinarlo en Madrid pero se equivocó al anunciarlo en una conferencia de prensa; un pasatiempo para historiadores contrafactualistas que quieran imaginar el pasado reciente si esa gaffe no se hubiera producido). Con la puesta del sol, la reunión de El Ombú se disgregó en superficialidades, como el dispar tratamiento que algunas revistas picarescas le conceden a Kirchner y a Ruckauf, minucias que tal vez no merecía escuchar una señora como la Müller.



