16 de julio 2003 - 00:00

Lavagna, abogado de la CGT, prepara cumbre con Kirchner

Néstor Kirchner preguntó varias veces cuándo va a llegar el pronunciamiento en el que la CGT le agradecerá el pasable salariazo que anunciaron Roberto Lavagna y Carlos Tomada. Pasó casi una semana desde esa merced y la sensación que queda es que se quiso perjudicar a los deudores hipotecarios, no beneficiar a los trabajadores. Por eso resultaría tan oportuna una declaración de los sindicatos dando las gracias. Sobre todo cuando el gabinete quedó enredado en una polémica sobre los alcances del aumento sobre el sistema crediticio, producto de esa manía por tomar decisiones sin comentarlas con nadie «para que la prensa no se entere por adelantado», como explican los ministros.

Quien más lamenta esa ingratitud es Lavagna, convertido en el principal abogado de los sindicalistas tradicionales delante de Kirchner. El ministro estuvo reunido con tres dirigentes de la CGT oficial (Rodolfo Daer, Armando Cavalieri y Carlos West Ocampo) antes de que se dispusiera la suba. Escuchó de nuevo el reclamo de los «gordos»: «Si no se incorpora el aumento a los sueldos básicos vamos a tener que abandonar las obras sociales», explicó Cavalieri. Lavagna asintió, también a él le resultaría favorable ese «blanqueo», que haría fluir fondos también hacia el sistema previsional y el PAMI.

La charla con los gremialistas no se circunscribió a este punto. Lavagna y «los gordos» se detuvieron también en las dificultades políticas que tiene la CGT oficial para acceder al Presidente. Kirchner los hizo atender por el jefe de Gabinete Alberto Fernández, y ellos recibieron la visita de Torcuato Di Tella, un sociólogo librepensador, que está entusiasmado con la creación de un museo de la industria al que en la CGT ya llaman, con aire sesentista, «el Di Tella», en homenaje al secretario de Cultura que los visitó sin temor a los virus.

• Competencia

No debería pensarse que Lavagna es el único canal habilitado de Cavalieri y sus compinches hacia el Presidente. También Julio De Vido -siempre en competencia con el titular de Economía- ofreció sus servicios y los de Dante Dovena, asesor y amigo de los gremialistas desde los tiempos de la renovación en Diputados (recluido en el Ministerio de Infraestructura, Dovena es tal vez el político más dúctil y sagaz de los que trajo Kirchner desde Santa Cruz a Buenos Aires). De Vido y Dovena cuentan con un pontífice de lujo en relación con la CGT: José «Pepón» Capdevila, sumo sacerdote del derecho laboral.

Pero Cavalieri creyó que la solución hay que buscarla allí donde está el problema. El cree, y no le falta razón, que los dramas con Kirchner nacieron el día en que se le ocurrió pedir la postergación de las elecciones y lanzar la candidatura del ministro de Economía a la Presidencia, en detrimento de la del propio patagónico. «Todo fue por tu culpa» piensa para sí mismo «El Gitano» cada vez que mira a Lavagna a los ojos. Claro, es un experto en derivar culpas hacia los demás. Con el ministro algún éxito tuvo: el titular del Palacio de Hacienda prometió hacer las gestiones que sean necesarias durante el viaje a Europa para que Kirchner reciba a la CGT cuando regrese. Por eso también él debe estar inquieto porque no aparece el agradecimiento de los sindicatos al «salariazo».

La demora se debe a que los «gordos» son insaciables aun cuando se los beneficie. En este caso, están quejosos porque no se los dejó avanzar en su acuerdo con los industriales. Lavagna y Tomada no abrieron la boca ante ningún sector por orden de Kirchner. Redactaron los decretos con el mayor hermetismo, aún resbalando hacia errores técnicos, y frustraron el arreglo que la CGT ya venía negociando con la UIA: un blanqueo de las sumas no remunerativas que se incorporaría a los salarios de convenios en tres veces, no en cinco como dispuso el Ejecutivo.

Para Kirchner fue una jugada política elemental: sería su generosidad y no la de dos «corporaciones», la que se festejaría entre los trabajadores. De paso Lavagna también se daba un gusto: nada de que le tengan que agradecer un aumento a Alberto Alvarez Gaiani, titular de la UIA e interlocutor principal de De Vido hoy en el empresariado (la amistad quedó sellada en Puerto Madryn y las conversaciones versan también sobre la marcha de la economía).

• Aislamiento

Tal vez alguien debería haber calculado que este «modus operandi», en el que el gobierno toma decisiones mientras se aísla de los sectores afectados por ellas, lo priva de algunas liturgias, como la del agradecimiento. Por más que «los gordos» están ansiosos por llevar a Kirchner a la sede de la CGT, donde además de la suba de salarios tendrán que agradecerle otros gestos. En la Superintendencia del Seguro de Salud, por ejemplo, Ginés González García desplazó al médico Néstor Vázquez, encargado de otorgar los subsidios a las obras sociales, cuyos movimientos resultaban cada vez más gravosos a los sindicalistas (Vázquez se presentó indignado el viernes pasado en su despacho reclamándole la silla a Susana Elordi, su reemplazante por orden de Ginés González García; casi debió intervenir la fuerza pública). Además, si bien Lavagna les dijo a los tres visitantes que «la deuda vieja tienen que darla por cobrada porque Cavallo les dio un bono», los capitostes de la CGT se llevaron la garantía de que se les reconocerán $ 80 millones que todavía no cobraron en concepto de recaudación de obras sociales. El día que reciban esa suma para sus «cajas», entonces sí, no sólo harán una declaración: están dispuestos a escribir un libro hablando bien de Kirchner y su ministro.

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