19 de marzo 2002 - 00:00

Ley laboral abre una crisis Duhalde-Senado

Parece el mito del eterno retorno. Pero por segunda vez en dos años el otoño encuentra al Senado en un conflicto por la reforma laboral. En 2000 fue por su aprobación, sospechada por denuncias de coimas. Ahora el problema es por su derogación, que pretende la CGT. El bloque peronista, como en la anterior oportunidad, seguramente apoyará a los gremios, aun cuando signifique que el país retroceda 30 años, en medio de una negociación con el FMI por ayuda externa. El apoyo del PJ no se debe a una pasión sindical, sino a que Duhalde, por impericias del jefe de bancada, José Luis Gioja, ha perdido la conducción del bloque en la cámara más rebelde: allí no cuenta con mayorías bonaerenses.

El Senado, que es la cámara en la que la demografía bonaerense se expresa apenas en tres bancas, ha comenzado a volverse inquietante para Eduardo Duhalde y su gobierno. Y las complicaciones provienen del bloque peronista, no de la oposición radical, que está sin chistar desde que Fernando de la Rúa abandonó el poder en diciembre pasado. Para la Casa Rosada este problema político está identificado con una persona, José Luis Gioja, y con un tema, la ley laboral, que los sindicalistas, representados en la casa por Luis Barrionuevo, quieren derogar. Duhalde y, sobre todo, Jorge Remes Lenicov, están preocupados con el avance sindical: en medio de la negociación con el Fondo Monetario Internacional y cuando el Presidente viajará a la cumbre internacional de Monterrey, los legisladores del propio oficialismo consagrarán con su voto un retroceso de varias décadas en materia de derecho laboral.

Si Gioja fue puesto en observación por los funcionarios del Ejecutivo es por la indisciplina que se ha comenzado a generar en el bloque que él preside y que, al parecer, se le va de las manos. La ley laboral es sólo una muestra de este problema que se pondrá de manifiesto nuevamente hoy: por la tarde, el bloque discutirá si apoya o no la derogación que pretende el sindicalismo y es probable que se incline por el sí. Un rato después, en la reunión de la comisión de Labor Parlamentaria (que integran los presidentes de bloque), Gioja deberá decidir si se trata o no la ley. En teoría, debería subordinarse a lo que resuelva el bloque, por más que desde el Ejecutivo le piden que «duerma» el tema (el propio Duhalde se lo dijo ayer a este diario en el reportaje que se publica en la edición de hoy).

El avance de los sindicalistas está inspirado en una premisa que ellos exponen abiertamente, casi con rencor: «A los empresarios les pesificaron sus deudas internas y ahora les están por dar un seguro de cambio para sus deudas externas; nosotros también queremos nuestra propia fiesta», explicó ayer un «gordo» que seguía desde su gremio la peripecia de Barrionuevo en el Senado.

Pero también hay un factor político ajeno a esta postura en la insubordinación que sufre Gioja. «Nos negoció a todos para conseguir ventajas para él, pero la incomunicación es tremenda», indicó un senador, que después enumeró: «Gracias a que lo pusimos al frente del bloque se llevó para hombres de él la Secretaría de Minería, la Dirección de Vialidad, el Viceministerio de Justicia, una banca de director en el Banco Nación, etc. Es lógico que se preocupe más por saber cómo piensa el Ejecutivo que como pensamos nosotros».

Como se ve, este tipo de malentendido «gremial» se ha transformado en un problema político para las relaciones del gobierno con el Congreso. Tal vez no se llegue a la crisis que anticipaban anoche algunos conocedores del Senado, es decir, a la renuncia de Gioja como jefe de la bancada. Sobre todo porque resultaría difícil aunar voluntades en busca de un sucesor.

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