23 de marzo 2004 - 00:00

Llega hombre clave de Bush

Otto Reich, el enviado especial del presidente de los Estados Unidos para el Hemisferio Occidental, estará en el país durante 72 horas a partir de esta tarde. No se quiere perder unas jornadas que a este halcón de la administración Bush y además un heredocubano con larga experiencia en países del continente le parecen cruciales para definir las relaciones entre la Argentina y los Estados Unidos.

No le alcanzarán los ojos a Reich, antecesor de Roger Noriega como subsecretario de Estado de la misma área en la cancillería de George Bush Jr., para mirar todo lo que le han mandado observar esta semana.

• Ala dura

El sólo anuncio de su presencia dará tema a nuevos cánticos contra este diplomático identificado con el ala más dura del anticomunismo de Washington. Tanto que el Senado no le quiso dar el acuerdo necesario para desempeñarse como segundo de Colin Powell, como subsecretario; apenas lo autorizó para estar en el cargo como suplente durante algunos meses, hasta que lo reemplazó Noriega.

Para la izquierda latinoamericana, Reich es una reliquia de la Guerra Fría. Lo acusan de haber inspirado, cuando era funcionario de Ronald Reagan, atentados contra Fidel Castro, más cerca ahora de alentar golpes contra Hugo Chávez. Entre 1983 y 1986, fue consejero especial para la Diplomacia Pública del secretario de Estado y se lo acusó de estar vinculado con el caso Irán-Contras y con intoxicaciones de prensa para manipular los medios en favor de la Contra nicaragüense.

Se llevará, como siempre, retrato de un gobierno bifronte, que juega al mismo tiempo a pares y nones y festeja cada bola como un triunfo, cuando en realidad suma cero, saca lo que pone, pierde en un número lo que gana en el otro.

• Se enojará Reich y su acompañante William Perry (un diplomático republicano muy conocido por aquí que se desempeña hoy como el segundo de Roger Noriega) con las algaradas que verá mañana en la ESMA, la Plaza de Mayo y otros arrabales de la protesta de activistas de izquierda y piqueteros.

• Sin embargo, el gobierno tiene mucho para halagarlo a Reich y a su administración y en lo que más le importa, que no es el pasado. Esta tarde,
Cristina de Kirchner tiene citadas a tres comisiones del senado (Relaciones Exteriores, Defensa, Asuntos Constitucionales) para dar dictamen afirmativo al proyecto del peronismo que reglamenta la salida y entrada de tropas al país para maniobras militares. El gobierno de Estados Unidos ha pedido una fórmula de inmunidades que impida que jueces imaginativos, como los que pueblan la república, dicten detención de militares de ese país en maniobras en la Argentina acusándolos de delitos cometidos en zonas de guerra. Para impedir que las tropas que vengan de ese país sean víctimas de ese sueño garzonista, Washington pidió inmunidades totales, como figuraron en el recordado proyecto de Rafael Bielsa que equiparaba a los militares con los diplomáticos y los cuidaba según la Convención de Viena, que protege a los embajadores en funciones.

• Néstor Kirchner dio marcha atrás después de una inolvidable visita de Hebe de Bonafini a Casa de Gobierno; eso habilitó el plan B del gobierno, apoyar un proyecto del bonaerense Jorge Villaverde -ya aprobado por la Cámara de Diputados-que traslada la cuestión de inmunidades a la Cancillería como un tema diplomático. Según la iniciativa, que hoy el gobierno quiere que tenga dictamen sin cambios para que sea ley pronto, el Poder Ejecutivo pedirá al comienzo de cada año la autorización para el programa anual de maniobras. La Cancillería determinará qué tipo de inmunidades deberán darse a las tropas que ingresan, y el Congreso, a pedido, votará la autorización que solicita la Constitución según un sistema que será tema del decreto reglamentariode la futura ley.

• En este punto, el gobierno ha manifestado una voluntad clara de complacer el pedido de Estados Unidos, cuyos emisarios (el último fue el general
Richard B. Myers, presidente del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de ese país) le han hecho saber a la Argentina la necesidad de que se puedan hacer maniobras sin problemas. Les convienen porque actualizan las relaciones con eventuales aliados, son vehículo de la promoción de sus productos de guerra, entrenan tropas de países adonde tienen asentamientos de uniformados que querrían trasladar a zonas de guerra. A los militares argentinos las maniobras les interesan porque son fuente de recursos que no les dan los presupuestos del Congreso y terminan siendo la mejor forma de hacer tarea militar en un país sin hipótesis de conflictos, al menos expresadas ante el público.

• También halagará al visitante otra decisión del gobierno -mantenida como la anterior casi en la clandestinidadque implica un respaldo a la política de Estados Unidos y su guerra contra el terrorismo. Es el proyecto del Senado de rechazar la adhesión del país a la Corte Penal Internacional creada por el Tratado de Roma y que es también temido por Washington como una amenaza a su proyección internacional. El Senado peronista, según proyectos de la esposa del presidente y de Jorge Yoma, rechaza la adhesión al Tratado argumentando que podría ofrecer la alternativa de la ley más benigna a acusados por delitos de lesa humanidad en el país, porque es más permisivo que las leyes criollas.

• Empate habrá en otra iniciativa que trae
Reich y que expondrá en la reunión que mantendrá mañana con Bielsa, a los legisladores que lo recibirán en el Congreso y a los diplomáticos que lo escucharán en una sesión del CARI (Consejo Argentino de Relaciones Exteriores): la necesidad de que los amigos de Washington aporten tropas al esfuerzo de guerra en Irak. Se lo planteó ayer Reich en Asunción al presidente del Paraguay, Nicanor Duarte Frutos, que ha rechazado ya una vez el reclamo. Si aceptase ese pedido, Paraguay se apartaría del eje Buenos Aires-Brasilia de no intervenir en ese conflicto, pese a apoyar tácitamente a las fuerzas de ocupación en Irak. Paraguay es para el gobierno de Washington un país modelo de relaciones en el terreno militar, como que en estas horas está desplegada en ese país una delegación de 50 miembros de la Guardia Nacional de Massachusetts, encabezada por el general de División George W. Keefe, para impartir cursos y conferencias a oficiales de las Fuerzas Armadas y otras instituciones. Algo impensable en la Argentina de hoy.

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