Es conocida aquella ley según la cual «la revolución se traga a sus hijos». Si bien Eduardo Duhalde no es el jefe de una revolución y, a esta altura, es difícil que alguien quiera reconocer alguna filiación con su gobierno, el dictado se verificó de alguna manera ayer. Si no devoró, por lo menos Duhalde dañó gravemente al sindicalista Hugo Moyano, quien con su agresividad se había convertido en un soporte de las movilizaciones del actual presidente y de su delegado Carlos Ruckauf cuando ambos embestían contra los gobiernos nacionales. A tal punto llegó ese protagonismo que hoy cualquier novela sobre el «complot contra De la Rúa» lo tiene como personaje más o menos central. Ayer se desmintieron las leyendas y Moyano, « as de cartón», dijo que no haría el paro declarado para hoy por miedo a mojarse. Adujo « razones meteorológicas» y lo suspendió, misteriosamente.
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Ya en la Casa Rosada, Duhalde creyó prudente desarmar el ejército que, de alguna manera, le había permitido llegar al poder. Primero convirtió a Ruckauf en jefe de relaciones públicas -todo el mundo sabe que el canciller ignora la política exterior-. Después desactivó a los piqueteros: Aníbal Fernández, contra la opinión de la propia Chiche Duhalde los incluyó en el Plan Jefas y Jefes de Hogar y asignó 10.000 a la provincia de Santa Fe, lo que tiene enardecido a Carlos Reutemann, quien no quiere que le armen en su provincia el batallón que desarman en la otra. Finalmente, también desarticuló, aunque sea por un par de semanas, el activismo de Moyano.
En los últimos días daba la impresión de que al camionero lo habían puesto encima de una mesa de operaciones y que cada ministro, operador o sindicalista lo rondaba sin saber por dónde atacarlo. El más decidido pero quien menos resultados tuvo fue el jefe de Gabinete, Alfredo Atanasof. En su calidad de sindicalista, creyó que la oficina que le acaban de confiar es un Ministerio de Trabajo pero de segundo piso. Por eso sigue dedicado a los temas de su anterior ocupación. Es lo Graciela Camaño que conoce. En este rol, el jueves pasado le propuso a Duhalde negociar con Moyano.
El municipalista Atanasof soñaba que el pacto con los camioneros podría ser muy bien la imagen inaugural de su gestión como sucesor de Jorge Capitanich. Pero el Presidente parece seguir otros consejos en materia de trato con los gremios: el jueves, a pesar de que la reunión secreta ya estaba preparada en el gremio de los taxistas, Duhalde no asistió (a esa altura estaba más preocupado por los conflictos del bloque de Senadores, que visitaba Olivos). El sindicalista se enardeció: « Ahora sí que no se baja el paro. Y voy a empezar a pedir la elección anticipada», le mandó a decir a Atanasof. Cumplió enseguida, sugiriendo que Duhalde debía renunciar.
• Estrategia
En el otro flanco de la mesa de operaciones, Graciela Camaño adoptó otra estrategia: pinzarlo. Duhalde se sintió más interesado en esta vía por la sencilla razón de que tiene numerosos seguidores en las inmediaciones de Moyano. Sólo se trataba de «vaciar» al camionero, sin necesidad de negociar con él. Omar Viviani (taxistas) y «Momo» Banegas recibieron llamados de la propia casa del Presidente para que hicieran entrar en razones al jefe del MTA. Accedieron enseguida y le hicieron saber a Moyano que se les hacía muy difícil acompañarlo en la huelga. José Rodríguez siguió el mismo camino, en su caso presionado por las seccionales del gremio mecánico, atemorizada por la caída del mercado interno, que se verifica en el cierre de concesionarias. Rodríguez no se puede resistir a un reclamo de sus bases: teme que lo apestillen con los desajustes económicos que se han verificado en la obra social de SMATA, especialmente en el hospital administrado por su propia familia. Finalmente Néstor Fabre, de la ANSeS, no quiso jugar con fuego: «Ahora tengo de jefa a la Camaño, ¿se creen que soy suicida de ir a hacer una huelga?» También los empresarios del transporte, especialmente los colectiveros, le hicieron saber a Juan Manuel Palacios (lo llaman «el Charro» por su afición por México) que era impensable resolver una huelga a partir de las 12. Moyano, enterado de la posición de los empresarios, comenzó a reflexionar.
• Participación
Sin embargo, lo que decidió finalmente al camionero fue la carencia de un factor del que gozaba hasta hace poco: la participación de los intendentes del conurbano en sus movilizaciones. Ahora (todavía) esos alcaldes no quieren molestar al gobierno de Duhalde.
Cuando Moyano advirtió que sólo le quedaban «Barba» Francisco Gutiérrez -una fracción de la UOM-, José Piumato -judiciales- y Juan Smith -dragados- decidió dar de baja la medida de fuerza. Utilizó la peor excusa: « Razones meteorológicas». Ni que manejara un gremio de equilibristas, asadores o limpiadores de rascacielos.
El jefe de los camioneros debe resolver ahora dos problemas importantes. El primero tiene que ver con la física del poder: cómo acomodarse en el nuevo escenario de fuerzas que le diagramaron desde el gobierno. El segundo es estético: debe evitar que le hagan probar de su propia medicina. Nunca falta un gracioso que diga que las razones meteorológicas fueron una lluvia de billetes. Después de todo, ¿quién introdujo la Banelco en la política?
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