La estrategia electoral que llevó adelante hasta ahora Néstor Kirchner tuvo anoche en la Cámara de Diputados su primer test. Y no resultó exitosa. Del bloque que se embanderó desde el comienzo con el Presidente apenas hubo cuatro diputados que se sentaron en sus bancas a la hora de votar la ley más impopular del «paquete» (con perdón por la palabra) que pide el Fondo Monetario Internacional para cerrar un acuerdo con la Argentina: la compensación al sistema financiero por la pesificación asimétrica. El plenario de la Cámara funcionó durante toda la sesión con quórum estricto y a la hora de sancionar esa norma sólo cuatro legisladores de la veintena kirchnerista aparecieron por el recinto. Fueron Gerardo Conte Grand, Ricardo Falú, Eduardo Di Cola y Dante Canevarolo.
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Hubo ausencias llamativas. No sólo las de Alberto Briozzo, Luis Sebriano, Pablo Fondevila, «Lolo» Gómez, Julio Gutiérrez o Arturo Lafalla. Tampoco se vio cumpliendo la tarea a Daniel Varizat ni a Mónica Kuney. Los dos son santacruceños, lo que hace suponer un compromiso más estricto con el jefe.
Sobran suspicaces en la política. En el extremo, hubo ayer quienes sospecharon que esas deserciones estuvieron motivadas en que Kirchner no tenía compromiso personal con las leyes que se votaban. Al fin y al cabo, las disposiciones que debían corregirse con esta normativa las firmó Eduardo Duhalde. Fueron los diputados que responden al ex presidente, encabezados por Eduardo Camaño y José María Díaz Bancalari, quienes más se empeñaron ayer en que se aprobara la ley que daría satisfacción a los bancos.
El argumento anterior parece alambicado en exceso. Lo más probable es que se hayan cumplido, antes de lo previsto por su autor, las palabras de Rubén Marín, cuando dijo: «Kirchner apoya candidaturas ajenas al partido pero cuando las papas quemen los que saldremos a bancarlo seremos los peronistas». En efecto, para que el Presidente y Roberto Lavagna puedan seguir sentados en la negociación internacional ayer estuvieron levantando la mano por el gobierno no sólo los diputados de Duhalde; también el subloque que responde a Carlos Menem cooperó en la sanción de las leyes.
• Irritación
«¿Para qué quiere 20 diputados si tiene los 120 que me responden a mí?», preguntó Eduardo Duhalde, con aire de perdonavidas y aludiendo a Kirchner, desde la sede del PJ el lunes pasado. Duhalde estaba irritado esa mañana: el Presidente había adoptado una estrategia rionegrina que dejó fuera del poder a su candidato, Carlos Soria. Por eso el interrogante contuvo una velada amenaza. Pero desde anoche se volvió también irónico. Y obliga a pensar en el futuro. Por caso, ¿podrá recurrir el gobierno a la defensa parlamentaria de los candidatos a diputados y senadores que hoy promueve en distintas provincias a expensas del PJ? Los duhaldistas se hicieron esta pregunta de manera más precisa: ¿quién votará las leyes de Kirchner? ¿Miguel Bonasso, que llegó a la Cámara por Aníbal Ibarra, o Cristian Ritondo, que lo hizo por Mauricio Macri?
La incógnita es, nada más y nada menos, quién representa al nuevo oficialismo. Alberto Fernández, el jefe de Gabinete, es el responsable institucional y político de las relaciones entre el Poder Ejecutivo y el Congreso. Sin embargo es el principal gerente de la política que busca en cada distrito (hasta en la Santa Fe de Hermes Binner) una opción que lo enfrente al PJ. Tal vez consiga un resultado insólito: armar con los recursos del Estado su propio Grupo de los 8 para que, como el que presidía en los '90 Chacho Alvarez, el gobierno tenga un bloque que le impida conseguir sus leyes. Anoche comenzó a sospecharse que ésa será la hazaña de Fernández.
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