El mensaje le llegó a Oscar Lescano, secretario general de Luz y Fuerza, el más discreto de los «gordos», el sector gremial enemistado con Hugo Moyano. Y llegó por varias vías: no sólo la de Néstor Kirchner, también la de Julio De Vido. Al parecer, el Presidente quiere encontrarse con este grupo, caracterizado como «disidente».
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Para comprender la jugada hay que tener en cuenta varios factores. En principio, que la presunta disidencia no está dirigida al gobierno sino al secretario general de la CGT, con quien están enemistados desde que aprovechó su poder institucional para quedarse con afiliados de Armando Cavalieri (Comercio). Tan es así que el propio Cavalieri pasa horas con gente de Kirchner y hasta se sumó al reeleccionismo de Carlos Zannini.
La otra información que ilumina este contacto oficial con los «gordos» es la decisión de Moyano de mostrarse proclive al conflicto por aumentos de salarios en un momento en que la Casa Rosada se empeña por conseguir acuerdosde precios con el empresariado. Para peor, Moyano lanzó su resistencia desde la casa de Luis Barrionuevo, acaso uno de los mayores opositores al gobierno dentro del PJ. ¿Será también por eso que se demora la designación del abogado de Camioneros, Juan Rinaldi, en la Administración de Programas Especiales de la Superintendencia de Salud? Por culpa de este entredicho sigue la amansadora para Héctor Capaccioli y para el ex menemista Néstor Vázquez, apadrinados por Alberto Fernández. ¿O es por culpa del ambicioso De Vido que quiere ubicar allí a un hombre suyo?
Todo indica que Kirchner ha comenzado a mirar con más detenimiento el mapa sindical, donde hacer un guiño a los «gordos» significa poner nervioso a Moyano. ¿Conseguirán Lescano, Cavalieri, Carlos West Ocampo y José Pedraza una audiencia con Kirchner antes que el secretario de la CGT? Sería una forma de desmentir algo que todo el mundo da por seguro: el miedo del Presidente al camionero.
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