Los K resignan las disputas por sellos
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Ariel Basteiro
El derrumbe del plan de los socialistas K para quedarse con el control del PS, que terminó de concretarse el domingo cuando Giustiniani fue proclamado presidente luego de que los K retiraron su lista, que encabezaba Jorge Rivas, tuvo otra expresión.
Los radicales kirchneristas, cada vez más diezmados, terminaron de enterrar cualquier expectativa de pelear la conducción del partido. En enero, Julio Cobos se dedicó a juntar voluntades para tratar de pelear por la jefatura del movimiento que gestó Leandro N. Alem.
Salvo experiencias locales, donde mandan gobernadores radicales que simpatizan con el -o le temen al- gobierno, en los territorios neutros la UCR K terminó de desdibujarse. Un caso es Buenos Aires, campamento donde alguna vez se imaginó un expansión provechosa.
El conflicto del campo detonó varias crisis y el distanciamiento de alcaldes radicales que eligieron defender a los chacareros antes que ponerse del lado del gobierno. Quizá primó más la supervivencia que la sintonía ideológica.
En rigor, en la actualidad, de los cuatro espacios en que se fragmenta la UCR, los K son la expresión minoritaria. Al punto que desistieron de participar de la interna de la UCR y, además, de la disputa en la convención provincial que se proyecta para la segunda parte del año.
En paralelo, Elisa Carrió, de la mano de Margarita Stolbizer, suma aliados. A los «margaritos» que ordena la ex diputada hay que adosarle, a futuro, el espacio independiente que conformó un comité paralelo que comandan el senador Jesús Porrúa y el ex diputado Marcelo Elías.
El resto, el radicalismo clásico, imagina ya un acuerdo con Francisco de Narváez, operativo que digita Leopoldo Moreau, quien junto a Ricardo Alfonsín y Federico Storani acordaron una lista de unidad para el comité provincia que presidirá, sin rivales, el moroísta Daniel Salvador.



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