Quien no recordaba a Eduardo Camaño, presidente por horas de la Nación y titular hoy de la Cámara de Diputados, se actualizó ayer cuando lo eligieron a cargo del Congreso duhaldista. Debutó con la palabra, presumiendo, como si fuera un peronista advenedizo del poder de los '40 y no de este siglo. Estilo perimido. En las tres primeras líneas dijo que habían tenido que tomar el poder en enero como último remedio, por el abandono, como si peronistas y radicales bonaerenses no supieran de un plan A y de un plan B antes de la caída de Fernando de la Rúa. Después, para sonrisa general, habló del sacrificio de Eduardo Duhalde para subirse a la Casa Rosada e insistió en el esfuerzo del peronismo para asumir involuntariamente esa responsabilidad. Se olvidaba que ellos mismos fueron quienes obligaron a su propio compañero, Adolfo Rodríguez Saá, a huir de Chapadmalal a campo traviesa y a sus ministros fugarse apretados en un camión de chorizos hasta la renuncia colectiva. Demasiados olvidos y hasta el grosero error de decir los peronistas siempre ganamos, distrayéndose no sólo de que perdieron con Raúl Alfonsín sino con De la Rúa.
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