Los once casos que quitaron transparencia al gobierno
En los últimos 45 días, una catarata de conflictos alimentó notoriamente las dudas sobre la transparencia de la administración de Néstor Kirchner. Escándalos como el pago de altísimas sumas a integrantes del ex Grupo Greco incluyendo honorarios a abogados, hoy motivo de sumario. Un episodio con otro rasgo polémico: el presunto ocultamiento del trámite que denunció la oposición. Lo mismo sucedió con la expropiación forzada de un inmueble a ferroviarios para regalarles $ 12 millones a sindicalistas y salvarlos de la quiebra. El impacto fue tal que la propia Cristina Kirchner y el jefe de Gabinete ordenaron apoyar investigaciones de la oposición que se vuelven en su contra. Son dos casos que se suman a un total de once durante los últimos meses donde el gobierno enfrentó problemas políticos y acusaciones de presunta corrupción. Se llegó a frenar en Diputados un proyecto sobre un nuevo banco genético para investigación y búsqueda de hijos de desaparecidos por dudarse de un acuerdo con laboratorios privados. Las sospechas afectan al marco legal para la estatizada AySA: la empresa y su control quedan bajo un mismo mando. En plena campaña, la malandanza afectó también a la provincia de Buenos Aires con imputaciones sobre altos mandos de la Policía Bonaerense sobre el rescate del caso Ianonne o la crítica que se pone sobre el matrimonio Kirchner de transacciones inmobiliarias con tierras fiscales en El Calafate. Hay otro escándalo, que ya llegó al fuero penal tributario, por las empresas emisoras de facturas truchas, al parecer, para pagar sobornos en el área de la obra pública. Mal fin de año para un gobierno que consiguió parte de su vigor en la denuncia moral de sus antecesores.
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Felisa Miceli y José Pedraza (arriba). Cristina Kirchner y Juan Carlos Blumberg (abajo).
LEYES COMPLICADAS
El gobierno tuvo éxitos en el Congreso en la mayor parte del año, aunque la resonancia de muchos de ellos haya sido negativa. Néstor Kirchner consiguió controlar la mayoría de los sillones estratégicos en el Consejo de la Magistratura, pero con el costo de dejar en evidencia su vocación de hegemonizar el poder. Cristina Kirchner fue la encargada de llevar adelante esa reducción en el número de miembros del Consejo -bajó de 20 a 13- con un rol que desempeñó en la mayor parte del año: el de encargarse de las reformas institucionales, políticamente simpáticas o antipáticas, que reclamó el Poder Ejecutivo. Desde su banca en el Senado no sólo defendió la reforma al Consejo de Jueces sino que apoyó la instauración permanente de los superpoderes para manejar fondos del presupuesto -a través de la reforma la artículo 37 de la Ley de Administración Financiera y de los Organos de Control. Fue el mismo ímpetu que aplicó el gobierno al eliminar el directorio de la Unidad de Información de Financiera -ente encargado de investigar las operaciones supuestamente involucradas en operaciones de lavado de dinero- y sustituirlo por un funcionario designado por el Poder Ejecutivo. Esa reforma se sumó a la posibilidad de que ese funcionario levante el secreto bancario o bursátil de un ciudadano sin autorización, también aprobado por ley este año. El gobierno consiguió aprobar otra prórroga a la Ley de Emergencia Pública, pero nuevamente pagando el costo político de tener que reconocer que lo hacía por seguir teniendo el control de la demorada renegociación de contratos con las empresas de servicios públicos privatizadas y en un intento por frenar demandas contra el país por parte de los acreedores que se negaron a participar en el canje de deuda. De todas formas, esos tenedores de más de u$s 20.000 millones en títulos aún en default ya han comenzado a avanzar en tribunales de Alemania y Nueva York. En materia legislativa terminó el año, el gobierno con una derrota a medias, más formal que de fondo, pero que demostró que la oposición puede comenzar a ganar terreno en los recintos. Esta vez fue el proyecto de marco regulatorio de la empresa AySA que el gobierno envió al Congreso a último momento. El kirchnerismo no consiguió garantizar una preferencia para votarlo y debió esperar una semana más. No tenía el número y hasta perdió la votación inicial. I
TIERRAS EN CALAFATE
Tuvieron que soportar Néstor Kirchner y su esposa, en este fin de año, también acusaciones que llegaron hasta lo personal. Fue el caso de las recientes denuncias de que el propio primer mandatario, la senadora y funcionarios nacionales compraron tierras fiscales en la localidad de El Calafate a un precio de $ 7,50 por metro cuadrado, mientras el precio de mercado oscila entre los $ 30 y los $ 120. El encargado de cerrar la operación fue el intendente local Néstor Méndez mediante un decreto municipal que aclara que el valor de la tierra deberá abonarse «al contado o mediante un plan de pago en un lapso de treinta días, y abonar en concepto de mensura y amojonamiento la suma de 350 pesos», según se denunció. Se sabía ya que Kirchner y su esposa tenían su casa en esa localidad, donde pasan muchos fines de semana, junto con otras cuatro propiedades en El Calafate. También es sabido que ese lugar se ha convertido en uno de los principales destinos turísticos de la Argentina por su cercanía al glaciar Perito Moreno, lo que sumado a su nuevo rol de la «Anillaco» de esta era ha disparado los precios del metro cuadrada en los últimos tres años.
CASO IANONNE
La provincia de Buenos Aires, lista para iniciar la campaña electoral de Daniel Scioli para reemplazar a Felipe Solá, no aportó tampoco tranquilidad en este diciembre. La liberación del joven Hernán Ianonne trajo, tras la primera ola de tranquilidad para el gobierno, nuevos dolores de cabeza cuando Juan Carlos Blumberg dio a conocer que parte del rescate pagado habría ido a parar a intermediarios en la liberación. Apuntó Blumberg a uno de los jefes policiales como el máximo responsable de la maniobra. Luego fue desmentido por la propia familia Ianonne. Pero el escándalo no quedó allí. Aparecieron grabaciones telefónicas donde otros familiares de Ianonne, entre ellos una hermana, hablaban del hecho. El fiscal federal de Tres de Febrero, Paulo Starc, acusó al jefe del Gabinete Antisecuestro de la DDI de San Martín, Gustavo Javier Espósito, como el responsable directo del intento de robo de esos $ 47 mil sobre los $ 300.000 del rescate total. Hoy las investigaciones sobre esa posible mejicaneada de parte del rescate por agentes de la bonaerense se tornó tan importante como la causa misma del secuestro.




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