23 de septiembre 2005 - 00:00

Los "setenta" de Kirchner no eran los del rock

La página web La Vaca, que con prosa de la izquierda difunde contenidos identificables más bien con un pensamiento anarquista, publicó una interesante perspectiva sobre Cromañón. Se trata de un reportaje al hermano de una de las víctimas de la tragedia del Once, que discurre sobre las opiniones de rockeros, como el mítico Luis Alberto Spinetta, y cómo los medios han tratado el lado político del caso. El reportaje compara, además, la reivindicación que hacen los rockeros de los años '70 con la que trata de hacer el gobierno Kirchner, pero desde el poder. Veamos lo principal de ese reportaje a Diego Rozengardt, economista de 26 años y hermano de Julián, que murió en Cromañón a los 18.

Aníbal Ibarra
Aníbal Ibarra
Diego Rozengardt: El rock está repitiendo la pirámide de la distribución del ingreso. Los músicos «lúcidos» están arriba (Spinetta, Fito Páez, Charly García, Gustavo Cerati).Y abajo están los que escuchan.

Periodista:
Eso también repite la pirámide del poder.

D.R.: Exacto. Porque abajoestá la pendejada que tiene que quedarse quieta escuchando. (Spinetta habla de) un orden que no sé de dónde lo saca, donde hay que respetar a los dioses y a una música supuestamente lúcida.


P.:
¿De qué dioses pensás que habla?

D.R.: De él, obviamente. (...) Nadie te obliga a meterte en política, pero si te considerás uno de los dioses, tendrías que tener una especie de responsabilidad, al menos por tus creyentes. No meterte es una forma de hacer política.


P.:
Pero es una abstinencia política rara. Spinetta estuvo en la sede del gobierno en marzo de este año.

D.R.: La demostración de que nunca hay asepsia política. No existe.


P.:
Menos todavía en el Salón Blanco de la Casa Rosada. Y fue a sacarse fotos al sillón presidencial, después de elogiar al gobierno. ¿Será respetar a los dioses?

D.R.: Mirá, Alberto Fernández, nada menos, le dio un premio. Y Spinetta dijo que no era un Oscar, sino un Néstor, por Kirchner. Está todo claro. ¿Qué han hecho los próceres después de Cromañón? Páez no habló, nunca dijo nada. García dijo barrabasadas saliendo a defender con todo a Chabán.


P.
: Los chicos de las bandas dicen que hay un establishment rockero que define como «rock chabón» a los nuevos grupos, para desprestigiarlos.

D.R.: Por eso estos tipos proponen una reivindicación de los '70, que es una vuelta atrás. Es una cosa absurda aferrarse a algo que no existe. Aparte: como si los '70 hubieran pasado sin problemas ni nada que cuestionar.


P.:
Spinetta plantea algo raro: que había unidad en los gustos musicales sin «tirarle nada al que no le gustaba».

D.R.: Pero aparte es falso. Los de Papo odiaban a los de Sui Generis, los hippones se odiaban con los pesados. Todo es una visión romántica y reoptimista donde se supone que todos la tenían clara y con una postura política espectacular.


P.:
Empalma con el kirchnerismo que reivindica algo que vagamente llaman « setentismo».

D.R.: Pero realmente decir que Kirchner es setentismo me parece una simplificación total. Que el tipo 30 años después de la dictadura se anime a hacer un museo en la ESMA está muy bien. Pero pasaron 30 años.Y en los '70 se peleaba por cosas muy profundas por las cuales el actual gobierno no está dispuesto a ceder ni un palmo.


P.:
¿Por ejemplo?

D.R.: Me parece que aquella era una lucha contra el poder político para lograr ciertas conquistas. Los actuales progresistas no sólo no pelean por esas conquistas, sino que se afianzan sobre lo contrario para legitimar el orden actual. Ni siquiera un ministro de Cámpora y Perón como Gelbard (José Ber Gelbard, ministro de Economía en 1973 y 1974), que quería disminuir la desigualdad de los ingresos y aumentar la participación salarial, no puede ser comparado con el actual (Roberto Lavagna) que quiere ver cómo hace para pagarle al FMI y no le importa nada más. (...) Me llama la atención además la posición en un diario que se supone que busca la reflexión.


P.:
¿Por qué?

D.R.: Porque desde el principio «Página/12» tomó la actitud de culpabilizar a las víctimas, y de agitar el fantasma de que es antidemocrático criticar a Ibarra. Lo triste es lo siguiente: estoy seguro de que si el intendente hubiera sido Macri, «Página/12» publicaría exactamente lo contrario. Ibarra estaría diciendo lo contrario, diría que tiene que renunciar, tiene que irse, que es responsable y no puede estar sentado en el sillón. Diría: ese tipo no combatió las condiciones infrahumanas en que vive la sociedad, y encima armó y toleró una red de corrupción blablablabla. ¿O no?

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