Macri desafió a Kirchner, anoche, para segundo turno
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Ibarra no consiguió contestar el discurso del ganador de ayer. Insistió en un argumento propio de la primera vuelta, sin advertir que se había iniciado otro ciclo sobre una lógica distinta. El alcalde dijo que seguiría habiendo una discusión nacional sobre el papel de cada uno en la década del '90, en un último esfuerzo por identificar a Macri con Menem. Ni él creyó en la potencia de su argumento para remontar el segundo turno, aunque el afectado ya se había obligado a una condena a la corrupción y la exclusión social con que va quedando asociada la imagen del pasado reciente. De cualquier modo, convertir en un torneo sobre los '90 el segundo tramo de la elección puede dañar al propio Ibarra: buena parte del voto de Patricia Bullrich no tiene objeciones hacia ese período, del que su candidata fue protagonista multicolor. El actual jefe de gobierno miró solamente hacia el electorado de Luis Zamora al hablar anoche. Pero, aún si sumara a ese lote por completo (a pesar de que allí hay muchos votantes que lo rechazan), Ibarra no alcanzaría a superar a Macri sin la ayuda de otras corrientes.
Frente al riesgo que quedar reducido a un empleado municipal en una elección que él mismo quiere nacionalizada, Ibarra debería suplicar por la intervención de Kirchner en la campaña. En el seno del gobierno se abrió un debate sobre la conveniencia de tomar ese riesgo. En rigor, sólo tres personas creen conveniente hacerlo: el propio Presidente, su esposa Cristina y Alberto Fernández, el jefe de Gabinete. Aunque el caso de la senadora es especial, ya que fue la última en convencerse de las ventajas de intervenir en esta elección metropolitana.
Si Ibarra debe cuidar que los apoyos que tuvo hasta ahora no se disuelvan o retiren, lo mismo cabe para Macri. Muchas fuerzas que lo acompañaron hasta ahora (sobre todo las del PJ) podrían verse satisfechas con las bancas conquistadas ayer. Todo un riesgo, ya que sin ese aparato partidario es imposible controlar los comicios del 14 de setiembre. Es cierto que el jefe de Gobierno debe cuidar también que Kirchner no le quite la escalera en defensa propia.Y rogar también por otra eventualidad: el viernes que viene es Santa Rosa y, como todos los años, se prevé tormenta. Penosa suerte la del gobernante porteño, que puede naufragar su carrera apenas con una lluvia persistente.



