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Los premieres de Gran Bretaña (Blair) e Italia (Berlusconi), dos de los líderes europeos más decididos a apoyar a EEUU
En términos generales, cuanto mayor es la cercanía de un país a la zona en donde vive el multimillonario Bin Laden, principal sospechoso para EE.UU., menor es el respaldo de la población a una intervención militar.
Voceros de diferentes gobiernos europeos se esfuerzan en estos días por aclarar que la entrada en vigencia del artículo 5° de defensa recíproca ante ataques a un país miembro de la Alianza, permite elegir el tipo de ayuda, que puede ser militar, pero también política, diplomática o económica.
A satisfacer estas demandas parecieron encaminarse las declaraciones de ayer del secretario de Estado norteamericano, Colin Powell: «Construiremos una coalición que llevará adelante una campaña que tendrá muchos aspectos: legal, político, diplomático, policial, de inteligencia, y militar, si es necesario», expresó el funcionario ayer por la tarde.
La postura de cada gobierno no deja de estar influida por la opinión pública de su país. Es favorable a una ofensiva bélica 85 por ciento de los norteamericanos, 74 por ciento de los británicos y 68 por ciento de los franceses, pero 70 por ciento de los griegos está en contra, hasta llegar a las manifestaciones de apoyo a los talibanes en Pakistán. En Israel, el sentimiento de la población se mide en términos del temor a padecer directamente el conflicto: casi la mitad tiene miedo de una guerra total.
• Indefinición
Rusia, por su parte, se debate entre el respaldo a la idea de exterminar con el terrorismo fundamentalista -del que también se siente víctima en Chechenia- y dar cauce a los reclamos de las ex repúblicas soviéticas fronterizas con Afganistán, que difícilmente cedan su territorio para que Estados Unidos lo use como campo de operaciones.
El presidente Vladimir Putin aún no definió una posición clara ante las presiones del ala más intervencionista, la diplomática, y el sector más reacio a participar de una fuerza comandada por EE.UU. que encabeza el titular de Defensa, Serguei Ivanov.
En el caso de Israel, las dificultades a una coalición global surgieron desde otro ángulo. El primer ministro, Ariel Sharon, advirtió que su país no está «dispuesto a pagar el precio» de reanudar las conversaciones de paz con el palestino Yasser Arafat cuando no cesan las confrontaciones, tal como Washington le pidió para no tornar la situación más explosiva.
Estados Unidos hace todo lo posible para no brindar la imagen de que se trata de una cruzada contra el Islam. A pesar de que Powell intenta sumar incluso a Siria e Irán, Sharon repitió que el régimen de Damasco «alberga a las organizaciones terroristas más extremistas».
El jefe de la Autoridad Palestina dio órdenes estrictas para un alto el fuego a los grupos extremistas y poder así avanzar en las conversaciones de paz que reclama Powell. El resto del mundo musulmán alberga desde las posiciones pro talibanes de algunos partidos pakistaníes, hasta al sector moderado representado por el presidente egipcio Hosni Mubarak, quien pidió «no identificar al terrorismo con la lucha por la liberación de Palestina» y reclamó que las decisiones se tomen en el marco de las Naciones Unidas.




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