En su refugio riojano, Carlos Menem recuerda a Juan Domingo Perón en el exilio. Tal vez no por la certeza y el maquiavelismo de sus estrategias pero sí por la cantidad de facciones que aducen su autorización para seguir un curso de acción determinado. Ayer, por ejemplo, emergió una nueva formación que reclama para sí, con documentos probatorios, ser la única corriente política que representa el ideario del riojano en la provincia de Buenos Aires.
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Se trata del Partido Popular, que llevará como candidato a senador nacional a Mario Cámara y para diputados nacionales a Francisco Astorino y Miguel Abalos. Cámara es un menemista histórico de la provincia de Buenos Aires (ex senador provincial, ex diputado nacional), que trabó amistad con Menem durante el período en el cual, recién liberado por los militares, el riojano pasó una temporada en Mar del Plata, de donde es oriundo el nuevo candidato.
Este grupo cuenta con una declaración de exclusividad firmada por Menem, algo así como aquellas cintas grabadas con la voz de Perón que circulaban por el Gran Buenos Aires en los '60 para acreditar el «franchising» del General. Jorge Asís, cuando pertenecía a la era del soporte-papel ( ahora se digitalizó), le dedicó un párrafo memorable a esta dudosa discografía en su novela «Don Abdel Salim, el burlador de Domínico». Aquella tradición se degradó, como casi todo, y ahora la mensajería es de cabotaje: ayer los del Partido Popular acreditaban una declaración firmada por el riojano en favor de sus pretensiones.
Sea como fuere, Cámara y los suyos prometen introducir a Menem, aunque sea tímidamente, en la campaña bonaerense. Habrá actos en Mar del Plata, Tandil y Bahía Blanca. ¿Cuál es la lógica de este relanzamiento, casi testimonial, del menemismo en la provincia? En principio, beneficiar a Néstor Kirchner. ¿O a quién habrá que restar los votos, pocos o poquísimos, que puedan obtener las huestes del riojano en la (ex) tierra de los Duhalde? Nadie sospecha, aun así, que Menem quiera mejorar las posibilidades de Cristina Kirchner. Pero todo indica que las relaciones entre él y Duhalde no quedaron bien: después del «Pacto de Minerva» -en Roma, celebrado en el hotel que evoca a esa diosa, durante los funerales de Juan Pablo II- las promesas quedaron incumplidas. En aquella oportunidad, los menemistas pretendían que el duhaldismo se plegara a un gran reclamo por la normalización del PJ en combinación con Adolfo Rodríguez Saá.
• Inhabilitación
Ahora hay otros motivos para el distanciamiento. El juez Manuel Blanco no habilitó la lista, también menemista, de Carlos Dellepiane, Irma Roy y Enrique Crotto. Los menemistas creen ver detrás de esa inhabilitación una jugada de Duhalde o, más específicamente, de Eduardo Camaño, el presidente de la Cámara de Diputados. Le imputan tratativas con un dirigente ligado a Menem, que expresa una tercera vertiente de sus adherentes: Luis Daer, conductor indiscutido del Frente Popular. Daer dice poseer, en el secreto del cofre de una escribanía porteña, otro poder de Menem para representarlo con exclusividad en estas elecciones.
Se podrá decir que la fragmentación y el carácter improvisado de estos experimentos no harán mella al duhaldismo, que aspira a controlar todas las voluntades anti-Kirchner. Sin embargo, para el propio Duhalde no son cuestiones indiferentes las que están sobre la mesa. Desde hace dos semanas, el caudillo de Lomas de Zamora intenta desentrañar cuál es la consistencia y, eventualmente, la orientación del voto que benefició a Menem y a Rodríguez Saá en las elecciones presidenciales de 2003. En la provincia de Buenos Aires, sumadas las dos fórmulas, estos dos ex presidentes capturaron más de 30% del electorado. Una galaxia completa, si se tiene en cuenta que hoy Chiche Duhalde se debate en arañar o no 25% de los sufragios.
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