Así dialogaban ayer Fernando de la Rúa y Carlos Menem, en la carpa que instaló la petrolera Repsol-YPF en el Buenos Aires Golf Club de Bella Vista, donde se desarrolla el torneo internacional de ese deporte. Los dos, el Presidente y su antecesor, llegaron allí al mismo tiempo para participar de la ceremonia de apertura. Menem, de sport con camisa colorado intenso. En cambio De la Rúa sólo indicó que estaba en el campo por el panamá que lució para cubrirse del sol. El resto fue el traje azul de la mañana.
Ni bien bajó del helicóptero, el mandatario hizo declaraciones sobre el torneo: «Creo que ganará Argentina, después Estados Unidos y tercero España, aunque el golf no se define hasta el último hoyo» pronosticó. Con Menem, De la Rúa se sacó fotos junto a la copa y asistió a la salida de los equipos de Sudáfrica, Tailandia, Trinidad, Colombia, Suecia, Inglaterra y Escocia. Los dos debieron, además, opinar sobre la estrella del torneo, el golfista Tiger Woods. Lo hicieron con obviedades. Para De la Rúa, «se ha convertido en el deportista mundial del momento». Para Menem, «es la síntesis del golf». Conversación
Más interesante fue seguir la conversación que ambos mantuvieron en el interior de la carpa. Allí compartieron la mesa con Roberto De Vicenzo, los representantes del país en el torneo Angel Cabrera y Eduardo Romero, el secretario de Turismo Hernán Lombardi, el administrador de la residencia de Olivos, Jorge Olivera (un amigo íntimo del Presidente), Alberto Kohan, Augusto Rodríguez Larreta (IRSA), Luis Cetrá y los anfitriones de la petrolera, Alejandro Macfarlane y Hugo Martini.
Mientras se servían las entradas de salmón o pavita, Menem alegró a todos con algunas anécdotas golfísticas. Contó, por ejemplo, las incursiones que realizó con ese deporte por Malasia, durante una visita oficial. Así contó el episodio: «yo estaba jugando con el rey de Malasia y advertí que en la tarjeta se anotó menos golpes en un hoyo. Uno de mis colaboradores me vino a ver de inmediato, a alertarme: 'Carlos, te afanó, ¿no te diste cuenta?'. Yo le contesté de inmediato: 'Sí, me di cuenta. Pero quéjense ustedes. Acá estamos en Malasia, acá roba él».
Todos estallaron en una carcajada y hasta De la Rúa consiguió olvidarse de Jorge Kogan, el secretario de Transporte, quien tan indignado lo tenía ayer con su frase «los pobres no viajan en colectivo» y el fallido intento de mejorarla.Ya se estaba por los crepes y los lomos con papas rosty, cuando el maestro De Vicenzo comenzó a exponer algunas observaciones. En este caso, no eran sobre golf sino sobre el fútbol y Boca Juniors: «Estoy admirado con la picardía de Palermo, que se ha pintado el pelo de amarillo para que los mediocampistas lo vean mejor a la hora de tirar los centros». Menem frunció el ceño y comenzó a hablar rápidamente de River. Romero y Cabrera escuchaban mientras devoraban sus platos de fetuccine, preparados especialmente.
Después pidieron disculpas y se retiraron: «Vamos a buscar un árbol para meditar un poco el partido» explicaron antes de dejar la carpa.
Lo mejor estaba por llegar todavía para el riojano. Y llegó: fue cuando le acercaron el teléfono celular con un mensaje breve y circunspecto de Kohan. «Sí, duerma tranquilo, que la elección está ganada y usted es el próximo presidente de los Estados Unidos» se le escuchó decir. Del otro lado, George W. Bush le agradecía los saludos que le había hecho llegar y lo halagaba: «Quiero hacer para mi país un gobierno tan exitoso como el suyo, Carlos». Era la segunda vez que Bush intentaba comunicarse con el riojano. La primera no pudo hacerlo porque Menem estaba participando de la ceremonia de apertura del torneo.
La realización de este campeonato mundial de golf y la peculiaridad de que tanto De la Rúa como Menem son aficionados a ese deporte, han logrado que ambos compartan más tiempo en estos días que el que pasaron juntos en todo el año. La noche anterior, en el Hotel Intercontinental, compartieron la comida rodeados de los empresarios que auspician el torneo inaugurado ayer.
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