Al abandonar ayer sin
aviso un acto en Casa
de Gobierno para partir
en helicóptero a Olivos,
Néstor Kirchner inquietó
a muchos. Se trataría de
un rapto de tedio o de
una urgencia deportiva.
Nadie admitió que
hubiera una crisis, ni de
salud.
La serie de escenas que se reproducen pusieron ayer en vilo (?) durante algunas horas al país. Néstor Kirchner seguía con rostro circunspecto un acto junto al gobernador Mario das Neves y, entre otros, el ministro Julio De Vido. Lo vio todo el país porque esos actos se transmiten por TV: se le acercó con cuchicheos secretariales Oscar Parrilli y el Presidente abruptamente se puso de pie y se retiró acompañado de su edecán del Ejército y de su jefe de ceremonial.
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Minutos más tarde despegó desde el helipuerto de la Casa de Gobierno la nave que suele usar Kirchner en sus desplazamientos de cabotaje y se dirigió a la residencia de Olivos.
Con esas escenas sin explicación se presumieron enfermedades personales, de familiares o hasta una noticia infausta llegada de La Habana. La salud del Presidente ya es un tema de la mitología política; la suerte de su colega Fidel Castro después de compartir escenarios y comidas en Córdoba, sumados al ingenio popular tramaron fábulas sin fin.
Según el relato de sus entornistas se trató de una decisión de Kirchner ante un acto que se prolongaba mucho y se superponía ya con un tratamiento médico o deportivo que sigue el Presidente con un instructor en Olivos. Además, bromearon, «¿Escucharon alguna vez un discurso de De Vido?», como si Kirchner hubiera querido privarse de esa pieza oratoria del ministro infraestructural sobre la energía eólica. Llegado que fue a Olivos se sorprendería, según esa explicación, de las pantallas ardientes que trataban de explotar la noticia. Se rió, dicen en Casa de Gobierno, y alzó el tubo del teléfono para que uno de los secretarios escuchase cómo lo estaba llamando Cristina Fernández a almorzar.
Prometió, y cumplió, estar por la tarde en Casa de Gobierno para asistir en el Salón Sur a un acto con el jefe de la ANSeS, Sergio Massa. Como ya había suspendido una cita por la mañana con autoridades de Aerolíneas, creyó el Presidente que con la escena muda había hecho -como dicen algunos que ha querido hacer Castro con su enfermedad- un suficiente ensayo de crisis.
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