Modesto, el viejo PC aspira a "coordinar" progresistas
De los comunistas ortodoxos que quedan sobre la faz de la Tierra tras la caída de los regímenes bolcheviques hace más de una década, algunos están en la Argentina. Muy disminuidos por el cataclismo del Muro de Berlín, ensayan formas de asociación que les permitan esperar, resguardados detrás de algún sello de goma, una segunda oportunidad en el planeta. Lo muestra el artículo del secretario general del PC, Patricio Echegaray, donde critica con toda la ciencia que puede el proyecto de Presupuesto 2005 enviadopor el gobierno al Congreso. Se queja de que no hay reforma tributaria y pone el acento en el doble discurso presidencial, de decir una cosa, pero dedicar -según su cálculo-5% del PBI al pago de la deuda externa. Ante eso no prometen la insurgencia ni ya la dictadura de algún proletariado. Apenas se propone este PC jibarizado por la historia funcionar como mero «centro coordinador» de otros sellos en modesto ejercicio de su rol de vanguardia de la revolución planetaria. Veamos esa nota de Echegaray:
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Mientras tanto, pese a muchas declaraciones y reuniones del Consejo de Salario, ninguna partida se prevé para aumentos de salarios de los empleados públicos, cuando sus sueldos reales han caído 30% desde diciembre de 2001, ni destinan fondos para aumentar jubilaciones y pensiones que, durante 2005, se mantendrán en sus montos actuales, muy por debajo de sus magros niveles históricos.
En la parte pretendidamente doctrinaria del proyecto señalan: «Ahora transitamos el período de consolidación», luego de haber recorrido los de «normalización» (abril 2002-setiembre 2002) y de «recuperación hacia el crecimiento» (octubre 2002-junio 2004).
Lo que consolidan con esta política económica es una Argentina de dos plantas: una, que se reduce, pero concentra cada vez mayor riqueza; y una segunda planta que crece y donde reinan la pobreza, la miseria, la desocupación y la exclusión. Con estas medidas, consolidan un país donde casi 60% de la población económicamente activa es cuentapropista, trabajador en negro y desocupado con planes sociales o sin ellos, y que promedia ingresos mensuales entre $ 153 y $ 385, según categoría laboral. Consolidan un modelo donde la masa de trabajadores se queda hoy con sólo 22% del PBI, mientras que antes de la dictadura militar de 1976 alcanzaba 46%, mientras han reducido a su mínima expresión el mercado interno y cerrado decenas de miles de pymes. Agreguemos a ello la gravedad de insistir con el otorgamiento de superpoderes discrecionales al jefe de Gabinete para modificar a su antojo, sin consulta ni comunicación al Parlamento, cualquier partida presupuestaria. Es una aberración antidemocrática que, luego de discutirse en una Legislatura, donde el partido del gobierno tiene mayoría absoluta, el Poder Ejecutivo use los fondos sin rendir cuentas de su accionar. Como dijimos al tratarse el Presupuesto del año pasado, estos superpoderes son mayores aún que los otorgados en su momento a Cavallo. Debemos impulsar un movimiento de resistencia a esta política de continuidad con el modelo neoliberal que arrancó hace casi treinta años, se agravó con los gobiernos de Alfonsín, Menem y De la Rúa, y que hoy, con esta propuesta, se pretende consolidar.
Por ello urge articular en un centro coordinador a la gran cantidad de sectores afectados, terminando con la dispersión de los conflictos que mellan su efectividad, y que permita avanzar en la solución de la carencia básica del campo popular: la creación de una nueva entidad surgida de la convergencia de fuerzas políticas y sociales con un claro sentido antineoliberal y antimperialista.




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