12 de octubre 2005 - 00:00

Moria, a la noche, de asado con los "gordos"

Moria Casán
Moria Casán
«Te tiene que ir muy bien ahora que ingresaste en la política, porque esta actividad se ha vuelto un juego de ficción, que es lo que vos manejaste hasta ahora.» La sentencia salió de labios de Oscar Mangone, filósofo de Villa Celina que ocasionalmente ejerce el sindicalismo en el gremio de Gas del Estado (la Academia todavía no lo ha descubierto). La destinataria era la candidata a diputada porteña Moria Casán y el contexto de la charla, un asado que compartieron esta vedette y un grupo de gremialistas en un caserón de San Isidro, el jueves pasado por la noche.

Casán podría haber replicado la ironía de Mangone. Decir, por ejemplo, «yo que he pasado mi vida en la picaresca de la revista porteña, siento que entre ustedes, sindicalistas de mi país, no he cambiado de ambiente». Pero, en homenaje a la cordialidad de la mesa, no se confesó de esa manera. La charla tomó otro itinerario.

Moria habló largamente de su dedicación a la lucha contra el maltrato doméstico. Contra lo que pensaban los demás comensales, demostró una amplia versación: dio cifras, porcentajes, explicó la psicología que está detrás de una mujer golpeada dispuesta a tolerar ese maltrato silenciosamente, tal vez por años. Llegó, casi, a conmover. Increíble en ese ambiente, donde el feminismo está condenado «porque es cosa de mujeres». Como todo el mundo sabe.

• Entretelones

Sin embargo, las cosas no llegaron al nivel de lo intolerable para Mangone, «Polo» Martínez, Vicente Mastrocola y el resto de los dirigentes sindicales que rodeaban la mesa. La artista-candidata contó los entretelones de su campaña, que maneja media docena de jóvenes más ligados a las tablas y los camarines que a las caminatas por Almagro a la luz del día o a predicar sobre los dramas urbanos de Buenos Aires en Mataderos.

Aunque, se comentó esa noche, a «la Pantera» de ese barrio le fue muy bien en la recorrida que venía de realizar por allí. No fue en vano haber inmortalizado a Rita Turdero. Casán, no podía ser distinto, enamoró a los gremialistas que se lanzaron sobre el asado esa noche, en las proximidades del hipódromo. No sólo por su chispa, también por algunas definiciones políticas. Por ejemplo: «Muchachos, no se olviden que a éstos Perón los echó de la Plaza». «Estos», ni hace falta aclararlo, son los funcionarios del gobierno. Y el recuerdo no pareció una frase aprendida para la ocasión. Casán es Casanova, la hija de un soldado del Ejército que, por esa condición, estuvo interesada desde chica por las tirrias entre derecha e izquierda de la peripecia argentina. A los dueños de casa ese recuerdo de la excomunión de los montoneros, producida por el asesinato del entonces secretario general de la CGT, José Ignacio Rucci, les pareció un homenaje.

Es cierto que las mejores ráfagas verbales de Moria fueron otras. Insistió con que «Carrió es Nostradamus con poncho», un hallazgo que repite a menudo Rafael Bielsa, a quien la vedette sigue destacando por sus corbatas.

También habló de Carlos Menem, respetuosamente. «Le tengo aprecio, ingresé en la política por él, pero en los últimos tiempos no hemos tenido contacto alguno. Está muy enfrascado en La Rioja, igual que yo aquí, en Buenos Aires.»

• Proyecciones

También Cristina Kirchner fue motivo de comentario. «Las mujeres no la quieren, es increíble lo agresiva que les resulta», dijo Casán, como si fuera Artemio López. O Chiche Duhalde, quien señaló hace tiempo y de modo críptico, lo siguiente: «Cristina tiene un modo masculino de hacer política». Una definición curiosa, a la que adhieren algunos de los más íntimos colaboradores de la senadora por Santa Cruz, cuando destacan que su jefa jamás encaró proyecto alguno asociada a congéneres.

Final con proyecciones para Moria y los sindicalistas. «Creo que me va a ir bien en la elección, que voy a ser diputada. Es un modo de cambiar de vida, seguramente el trabajo en el Congreso me llevará mucho tiempo.» Para ellos, «los muchachos», fue una noche de novedades y un momento de aproximación al proselitismo. Como se señaló ya en este diario, el gremialismo está acuartelado, de brazos caídos, por primera vez en una campaña que encuentra al peronismo -llamémosle así- en el poder de la Nación.

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