Moyano entra al dominio de fondos para obras sociales
Se creía que el gobierno le iba a demorar el dominio de los fondos que asisten a las cajas de las obras sociales en la medida en que el sindicalista camionero Hugo Moyano frenara demandas salariales y renovación de convenios hasta mediados de año, aun si hubiera inflación. La táctica ahora sería inversa. Le concede ya el dominio de cuantiosos fondos al titular de la CGT para el mismo objetivo de limitar los reclamos sobre salarios.
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Carlos Menem
Ahora, el secretario general de la CGT ampliaría su influencia sobre otra área del gobierno. Y lo va a hacer a título personal, es decir, sin extender los beneficios de sus pactos a otros colegas gremialistas. Esta conducta es vista por muchos de ellos como una mezquindad. Sobre todo porque ya se transformó en convicción la sospecha de que a cambio de estos trofeos el líder de la central obrera está postergando reclamos de sus pares y de sus representados.
Para comprender este pacto Kirchner-Moyano y, en consecuencia, el malestar que provoca en muchos dirigentes sindicales, hay que advertir que el camionero ha bajado la bandera de cualquier reivindicación general. Sea un aumento del salario mínimo, de los haberes jubilatorios o de las transferencias que debe producir el PAMI por la atención de afiliados que terminan recibiendo prestaciones en sus obras sociales de origen. Pero, sobre todo, Moyano resignó una demanda central del sindicalismo de estos días: que se aumente el mínimo no imponible en el pago de Ganancias. Como ese mínimo está en $ 1.800 para los solteros, es cada vez más frecuente que los aumentos salariales que los sindicalistas consiguen en sus paritarias terminen agregando nuevos contribuyentes al padrón de Ganancias. Es decir: el Estado se beneficia indirectamente con los aumentos de sueldos que conceden las empresas. La suma que, según lo que reconoce el propio gobierno, perdería el Tesoro si se aumentara ese piso para calcular el impuesto es de, por lo menos, $ 1.500 millones. Por eso la CGT levantó su voz para que se actualice este régimen. Pero Moyano les ordenó a los diputados que le responden votar a favor del proyecto del gobierno sin favorecer lo que su misma organización demanda.
•Conveniencia
La estrategia del camionero es conveniente para el oficialismo. Consiste en dejar a cada gremio la conquista de sus propias mejoras salariales mientras se le despeja la escena de cualquier demanda general, política. Claro, esta dinámica permite al gobierno ganar tiempo y evitar un choque con el movimiento obrero en su conjunto. No mucho más. A la larga, la administración no podrá mostrarse indiferente ante los conflictos que se desatan en cada sector ya que la presión salarial terminará impidiendo el tipo de contención de la inflación que, con tanto voluntarismo, ha decidido encarar la Casa Rosada, buscando acuerdos particulares de precios.
Por eso Kirchner pretende quedarse con una última llave que le asegure la moderación de Moyano. Es un detalle, que el camionero no habría descubierto si no fuera porque un colega gremialista se lo hizo notar: en el mismo decreto donde se designa al abogado Rinaldi al frente de la APE se sugiere que esa «caja» deberá en algún momento disolverse. Se abre, entonces, la gran incógnita del pacto entre el Presidente y el jefe de la CGT. ¿Se entregó Kirchner a Moyano o lo puso en el brete de tener que liquidar aquello que se le concedió? Hay que esperar un par de meses para despejar la incógnita. Porque este acuerdo es, también, una partida de póquer que ganará quien se levante primero, en el momento preciso.




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