12 de diciembre 2007 - 00:00

Moyano en llamas

• Le responde a Cristina de Kirchner y avanzará con el reclamo por aumento de salarios • ¿Intervendrá Néstor Kirchner para contenerlo? ¿Por qué no lo hizo para evitar que excluyeran al sindicalista del juramento oficial? • Afloja la interna entre Moyano y Luis Barrionuevo, pero se acentúa la de Alberto Fernández contra Julio De Vido (a quien la CGT lo propuso no casualmente como invitado de honor para un festejo este 19) • La ley de Murphy: lo que se sabía iba a salir mal, empieza a salir mal.

Moyano en llamas
Quien imaginó que se podía prescindir de la CGT en la jura presidencial y en la Casa Rosada -luego de que este organismo fuera una alfombra del kirchnerismo durante 4 años y medio- debía sospechar lo que ocurrió ayer: la flamígera reacción de Hugo Moyano. Se supone que Néstor Kirchner no revisó la lista de los invitados, tarea en exclusividad de la nueva Cristina y de su colaborador en jefe, Alberto Fernández, responsables presuntos pero adrede del apartamiento social y festivo a la central obrera. Y a su máximo dirigente, claro.

No fue lo único. También, lo que parece una política ya diseñada, ella se manifestó ajena a las internas de la CGT -con lo cual excluyó a Moyano de cualquiercercanía, ya que ese cuerpose normaliza en 6 meses- y, por una debilidad desconocida pero sospechada, convocó en exclusividad a su juramento en la Casa Rosada al jefe de los metalúrgicos, Antonio Caló, un aspirante al cetro de Moyano en la calle Azopardo. Nadie cree que esa jugada obedece a que conocía de los tiempos universitarios al «Tano» Caló, un escuálido heredero de Lorenzo Miguel y de los hornos de Cangallo. Habría que incluir la jugada, también, en el veto oficial a que el gremio camionero se movilizara hacia la Plaza de Mayo para celebrar el advenimiento de Cristina. Mientras, a cambio, se fletaban micros con organizaciones marginales y piqueteras. Gustos son gustos.

Para el líder camionero no sólo hay un desprecio oligárquico a su persona, más bien supone que lo provocan y se viene una embestida en su contra desde la nueva conducción del gobierno. Y como es de ofensa fácil, este hombre que un día levantó un paro general por lluvia para satisfacer a Kirchner -imperdonable humillación ante sus compañeros-, ayer se levantó de ira frente a la mandataria: dijo a los gritos (lo acompañaban unos 6.000 nuevos adherentes camioneros) que «si no respetan los derechos de los trabajadores, la CGT se pondrá en la vereda de enfrente».

Mensaje teledirigido con otros agregados («no falta mucho para que sólo los camioneros llenemos la Plaza de Mayo»), advirtiendo sobre un poderío propio que se expandió en los últimos años gracias al mismo Kirchner, marido de quien -para Moyano-ha dejado de ser Cristina para convertirse en «esa señora». Falta el añadido, señora de tal.

Otros sindicalistas imaginan que la iniciativa de la Presidente proseguirá con un despliegue contra ellos en los medios. Moyano le imputa esa autoría a un alter ego específico de Cristina. Habrá que leer los diarios y otros sucedáneos adictos para saber si está en lo cierto. Mientras, buscarán no quedar aislados del gobierno: para la fiesta del 19, bajo la Autopista, en el gremio de taxistas, ya invitaron como máximo referente a Julio De Vido. Como si ellos, sí, participaran de la interna oficial. Al revés, también en eso, de la Presidente.

¿Terciará el retirado Kirchner en esta nueva porfía? Altamente probable, pues nadie mejor que él sabe que la iniciación de este tiroteo anticipó una demorada batalla salarial: desde ayer, con la rabia de Moyano, comenzó la demanda por mejoras, sumas fijas, promesas de 20% para el año próximo. Cristina lo hizo, prematura, aunque el jefe camionero dirá que él ahora grita porque debe calmar el interior de la CGT, donde hay posiciones más extremas y combativas, deseosas de paros y huelgas. Siempre arroja un cable negociador. No olvida en sus reproches que, si bien fue el mayor sostén de Kirchner, también logró las mejores gratificaciones entre todos los sindicatos. Inclusive, si es necesario, hasta es capaz de arreglarse con Luis Barrionuevo (algunos de sus seguidores, recontrachupamedias -antigua palabra de su coleto-le obsequiaron rosas rojas a la Presidente cuando ésta pasó por el gremio, en Avenida de Mayo, el día de la jura). Finalmente, todos quieren aumentos y algún favor oficial. Mientras, habrá que soportar el incendio.

«Yo sé que hay mucha genteque preferiría tener un mundo sin Moyano, porque Hugo es un dirigente con actitud y con la mentalidad de un delegado de base», reflexionó hace poco en un reportaje el propio abogado del camionero, Héctor Recalde, quien insiste en que no hay signos de discriminación cuando Cristina llama «negro» a Moyano. Tal vez sea cierta la afirmación de Recalde, no menos certera que la admiración del controvertido sindicalista por aquel mítico norteamericano Jimmy Hoffa (gremialista de camiones, también), un dirigente que ayudó a encumbrar -a su modo-a John Kennedy a la presidencia y, luego, su hermano Robert pretendió encarcelarlo. Hasta que, sin que se supiera el autor, un día lo asesinaron para convertirlo en un encofrado de hormigón.

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