7 de marzo 2005 - 00:00

Muestran hoy a Cristina de campaña, pero sin distrito

Cristina Fernández de Kirchner
Cristina Fernández de Kirchner
«Hoy es el primer acto de campaña de Cristina.» El dirigente, que acostumbra conversar con Néstor Kirchner, hizo el comentario como si revelara un código secreto o pronunciara una frase mágica; el abracadabra de la felicidad.

A la misma hora, en el San Juan Tennis Club, Eduardo Duhalde sirvió un almuerzo a su generalato y repitió, una vez más, que su instinto le indica que Cristina Kirchner no competirá en la provincia. Y advirtió: «Ahora Felipe viene por mí; después va a ir por Kirchner».

La secuencia temporal se completó en La Plata, bajo la batucada eufórica de los felipistas, festejando la ruptura de los bloques legislativos del PJ, como antesala de la gestación de un partido propio imprescindible para su mejor plan posible: la doble candidatura de la primera dama.

Sacudido por necesidades e intereses contrapuestos, el peronismo se convirtió en un laboratorio político, minado de Frankensteins, donde se entrecruzan alquimias y artificios de probeta de futuro incierto. Certezas, casi no hay; enigmas, a montones.

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Frente al hermetismo presidencial, todo gesto -por mínimo que sea- es leído como una relevación por los kirchneristas y los felipokirchneristas. Ocurrió con el discurso de Cristina Fernández en el encuentro de DD.HH. del viernes pasado, en el Teatro Cervantes.

La aparición de la primera dama como oradora central en ese acto «institucional» se manoteó como contraargumento para refutar lo que, en los últimos días, circuló como un hecho irreversible: que la senadora, finalmente, no se animará a sumergirse en la selva del conurbano.

La aparición de candidatos «mulettos» buscó darle entidad a esa presunta certidumbre. Al ministro del Interior,
Aníbal Fernández, y al diputado José María Díaz Bancalari se sumó un tercer nombre: Juan José Alvarez, un duhaldista, ahora amnistiado por Kirchner.

Cualquiera de esas opciones son azúcar para el paladar de
Duhalde. No para Felipe Solá, que encadenó buena parte del éxito de su rebelión a que la primera dama desempolve su DNI platense para renovar su banca en el Senado como candidata por Buenos Aires.

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Solá
, mientras saca cuentas de lo que sumó 7 senadores, 18 diputados y 47 intendentes peronistas; más aliados transversales pergeña el mecanismo de chocar con Duhalde con cierta garantía de éxito.

No halló todavía la fórmula que reclaman intendentes para no tener que ir, indefectiblemente, a la guerra. Muchos le plantean que la ruptura les desordena sus municipios y les entorpece el control de los Concejos Deliberantes.

Solá los endulza con un futuro venturoso.
«Ya somos una pata política imprescindible para cualquier negociación y opción electoral.» Y redobla, para excitación de Alberto Balestrini y Julio Alak: «De este espacio saldrá el próximo gobernador».

Y, por lo bajo, diseña la alternativa de boleta doble: los peronistas que pueden ganar van a interna; y los que no, juegan por afuera. Pero el buen destino de esa opción necesita, casi como agua, a Cristina de candidata. Una decisión que no está tomada y que parece se aleja.

A pesar de las reservas de sus aliados,
Solá ordenó derramar la ruptura en los distritos y armar foros de intendentes y de concejales que levantan el sello del felipismo o, para ser más precisos, del felipo-kirchnerismo.

No es una referencia ociosa: el universo felipista tiene una peligrosa dependencia de Kirchner.

* * *

Y Duhalde, para incentivar a los suyos, hurga en esa oscuridad. Machacó con que Cristina no será candidata -tampoco lo sería su esposa «Chiche»- y redactó el nuevo libreto duhaldista para dejar de ser victimarios y convertirse en víctimas.

Por eso no habrá revancha, sino lamentos públicos.
Osvaldo Mércuri y Cacho Alvarez debutaron el sábado: «Llamamos a la reflexión al gobernador para que no profundice el enfrentamiento del peronismo» dijeron a coro.

En paralelo, se abortó la cumbre del Consejo del PJ prevista para esta tarde para evitar que, como el lunes pasado, escenas de farwest. Eso sí: en ninguno de los escenario que otea el duhaldismo se concibe la posibilidad de
«arreglo» con los felipistas.

«No vamos a alimentar un conflicto que no creamos ni queremos»,
ordenó para apagar los gritos de guerra de los invitados al San Juan Tennis Club. «Debe quedar claro que la decisión de Felipe de romper el partido puede hacer que el peronismo pierda la elección», espantó.

En esa mesa -en la que estuvieron
Díaz Bancalari, Graciela Giannettasio, Osvaldo Mércuri, Hugo Curto, «Cacho» Alvarez, Julián Domínguez, Jorge Villaverde, Isidoro Laso y Juan Garivoto- sonó otro salmo trágico: «¿Para qué Solá quiere derrotarnos? Para después ir por Kirchner».

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