Murphy celebró la polarización
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Ricardo López Murphy
«Me tienen miedo, terror, por eso nunca han querido debatir conmigo», repite López Murphy, que cree que uno de sus fracasos en esta campaña fue no lograr que los candidatos presidenciales protagonizasen debates públicos, como en Brasil o los Estados Unidos. «Si me tenían tanto miedo, por lo menos hubieran debatido entre ellos», remató comentando la agresividad de los demás candidatos.
López Murphy cree que ya les sacó a Elisa Carrió y a Leopoldo Moreau todos los votos que hubiera podido. También que terminó de convertirse en el candidato del voto moderado del interior que antes se expresó como demócrata conservador, ucedeísta o, más cerca de ahora, como cavallista o federal. Ahora, creen en los cuarteles del candidato, ha empezado a sacarle votos al propio Menem.
«Las exportaciones, que son absolutamente importantes, no alcanzan como locomotora para crecer, para generar el empleo que la Argentina necesita», remató Lavagna como si fuera un experto en la materia.
Kirchner, con menos tecnicismos, dijo que hay «operaciones de sectores financieros concentrados» para mostrarlo a López Murphy con buena chance electoral, que «en una actitud desesperada, tratan de cambiar la direccionalidad del voto».
Con igual desconfianza en el electorado, más pedestre, el jefe de campaña del radicalismo, Eduardo Santín, lo acusó de «falsear ex profeso» los apoyos a su postulación «utilizando nombres y apellidos de dirigentes del radicalismo que lo acompañarían».




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