23 de febrero 2004 - 00:00

Museo de la ESMA: se teme la renuncia del jefe de la Armada

Museo de la ESMA: se teme la renuncia del jefe de la Armada
¿Qué hará el almirante Miguel Godoy, el jefe de la Armada, el 24 de marzo, cuando se decida la suerte del predio que ocupó la Escuela de Mecánica de la Armada sobre la avenida Del Libertador? Esta pregunta mortifica a José Pampuro, el ministro de Defensa: le han hecho saber que, si las 17 hectáreas sobre las que se extendía ese instituto fueran destinadas a un Museo de la Memoria, como pretenden las organizaciones de derechos humanos, Godoy renunciará haciendo ruido con un discurso para pronunciar esa mañana.

El destino de esas tierras forma parte hoy de una «paritaria» algo insólita: las entidades que reclaman el espacio para el museo creen que deben ser cedidas las 17 hectáreas; el Ministerio de Defensa, en la persona de Pampuro, estaría dispuesto a que se ceda un edificio secundario, ya que el principal había sido imaginado por el propio ministro como sede de su cartera; finalmente, si fuera por los marinos, apenas habría que instalar una placa en una pared, tal vez con el deseo de que en un futuro gobierno se remueva.

Sólo un detalle podría evitar la polémica: la Ciudad de Buenos Aires es la verdadera propietaria del predio, que adquirió de la sucesión de la familia White en 1904. El Estado Nacional lo retuvo como donación con cargo y el «cargo» fue que hubiera allí una escuela oficial. Trasladadala ESMA, se habría agotadola causa que justificó la posesión nacional y la propiedad volvería así al municipio.

Es imposible que Godoy consiga la última opción deseada por los integrantes de la Armada de poner una mera placa y por eso en su comando hacen apuestas sobre su salida. Curiosidades del gobierno actual, se iría antes que Roberto Bendini, el jefe del Ejército, cuya cabeza tiene precio en el despacho del ministro de Defensa desde hace meses (en rigor, desde que Pampuro asumió en el área y se enteró de que no designaría a los jefes de las Fuerzas). Ahora bien, si Godoy deja el cargo con un discurso rimbombante, avanzando sobre una idea « superadora» que es el museo de la memoria «de ambos bandos», ¿quién será el oficial superior capaz de hacerse cargo de la pérdida de la base militar de Núñez? En la Casa Rosada calculan que la Marina estará por unos días vacante, con una conducción interina, hasta que se designe a otro almirante, con la ESMA en manos de las entidades de derechos humanos, ya como un hecho consumado.

El cambio de destino del viejopredio de la ESMA envuelve también otras remociones, menos notorias. En esa área que se extiende sobre el Río de la Plata se asientan dos institutos educativos civiles, o cuasi civiles. Uno es la Escuela Nacional de Náutica, que no tiene vinculación con la Armada y reporta a la liga de patrones de barcos.

El otro colegio es el Liceo Naval. Si bien tradicionalmente perteneció a la Armada (cuando funcionaba en Río Santiago, en las inmediaciones de La Plata), los marinos lo cerraron. Fueron ex liceístas, agrupados en una fundación, los que lo resucitaron. La Marina lo asiste con un oficial retirado que cumple funciones académicas pero los padres de los liceístas ya comenzaron a moverse delante del Ejecutivo para advertir que no tienen nada que ver con las Fuerzas Armadas y que el colegio podría desaparecer si se asigna toda la extensión, sin más ni más, a las ONG de derechos humanos para el museo.

•Interrogantes

¿Será la negociación del espacio de estas instituciones una de las estratagemas de los marinos para acotar la instalación en esas tierras de un museo que consideran agraviante y que promete la crisis del almirante Godoy? Parece poco probable, demasiado conspirativo.

Más verosímil resulta pensar que un dominó de determinaciones no del todo meditadas se ha comenzado a derribar en torno al edificio de la ESMA. Seguramente Pampuro desconocía los conflictos que iba a actualizar al sugerir que su cartera podría ocupar el edificio central de todo el complejo, abandonando de ese modo las dependencias del Edificio del Libertador, donde se encuentra el ministerio desde hace unos cuatro años. La zona, comprensiblemente, es un paraje molesto, que los gobiernos quieren modificar. Carlos Menem, sin ir más lejos, pensó en demoler todas las instalaciones y erigir allí un monumento a la memoria. El cardiólogo Domingo Liotta, aquel secretario de Ciencia y Técnica de su gobierno, imaginó un complejo destinado a las ciencias que fue ridiculizado en su momento con el argumento de que los edificios a levantarse debían dibujar, vistos desde el aire, el apellido del riojano.

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