17 de octubre 2002 - 00:00

Negocian en secreto Menem y Duhalde

Todas las armas están sobre la mesa, como si se estuviera a punto de un desenlace sangriento. Claro, también se exhibe todo el poder de fuego ante la inminencia de un acuerdo. Nadie sabe bien en el PJ si la guerra actual terminará en una tregua. O si la explosión es inevitable. Unos trabajan para la paz, otros para la guerra. Todos tienen orden de Carlos Menem y de Eduardo Duhalde, los dos protagonistas del conflicto. Teje entre ambos, sigiloso, Rubén Marín, el gobernador de La Pampa.

El Presidente tomó dos determinaciones. Si finalmente hay internas el 15 de diciembre, como dispuso el consejo del PJ, ese día también se discutirá el poder partidario de la provincia de Buenos Aires. Duhalde ordenó al consejo provincial del peronismo que para el mismo 15 de diciembre convoque a elecciones para elegir todos los cargos de conducción del partido: desde la jefatura, para la que él mismo se postularía, hasta los cerca de 8.000 cargos que se reparten entre congresos y consejos provinciales, locales, juntas de todo tipo, en fin, la infinita burocracia interna del PJ bonaerense. ¿Pondrá el Presidente toda esta artillería al servicio de algún candidato, tipo José Manuel de la Sota? ¿O se trata sólo de un alarde, como esos desfiles militares que servían como señal disuasiva para los que pudieran estar pensando en la guerra? La incógnita es parte de la disuasión.

La otra pistola que Duhalde puso sobre la mesa la manipuló ayer Cristian Ritondo, el viceministro del Interior. Presentó la apelación al fallo en el que María Servini de Cubría anuló la realización de internas reguladas por el Estado (obligatorias, abiertas y simultáneas). Eso sí, Ritondo no fundó la posición del gobierno, lo que se entendía anoche como una presión más que como una jugada definitiva.

En el otro rincón, Menem también aprieta el acelerador a fondo. Hoy hará lo que para Duhalde es, según le confesó a un amigo, «el error más grande que le he visto cometer desde que lo conozco», a saber, escoger un candidato a vicepresidente que no pertenece a la provincia de Buenos Aires. «¿Cómo va a hacer una fórmula exclusivamente del Noroeste?», se siguió preguntando el hombre de Lomas. Tal vez Duhalde no entiende que podría tratarse del gesto más amistoso que le dedica el riojano, una manifestación de que no pretende inmiscuirse en la interna del adversario. Pero para el Presidente este tipo de lógica puede ser incomprensible, sobre todo cuando advierte que tomó el poder nacional, lo ejerció a lo largo de un año y no consiguió que su peronismo bonaerense sea protagonista del porvenir inmediato. Sea como fuere, hoy Menem cerrará su binomio con Juan Carlos Romero, a pesar de las gestiones que llevó adelante Alberto Pierri a través de Antonio Cassia para dejar abierta la valencia de la vice para un bonaerense, en este caso el propio Pierri.

Además de la fórmula con el salteño, agresiva para los de la provincia de Buenos Aires, Menem está en condiciones de exhibir un poder de fuego adicional: el consejo nacional en pleno, con el aval de 11 gobernadores, ratificó las elecciones internas del 15 de diciembre y registró la voluntad de competir ese día de la mayoría de los candidatos en danza.

A partir de estas amenazas podría comenzar la guerra. Que el gobierno consiga la postergación de la fecha electoral por pronunciamientos procesales de la Justicia; que se convoque a un congreso del PJ para después del 24 de octubre, es decir, con los candidatos ya inscriptos, para polemizar sobre la junta electoral y aun sobre la ocasión de la interna; que en contra de esta corriente, las internas del 15 se realicen igual, con candidatos impugnados en los tribunales; en definitiva que, como señalaba ayer un diputado duhaldista, «lo que se consagre no sea el acuerdo sino el caos generalizado». Todas las martingalas están contempladas en las especulaciones: hasta que sea la Asamblea Legislativa que le debe aceptar la renuncia a Duhalde la que convoque a elecciones generales, de tal manera que el próximo 25 de mayo asuma el poder un nuevo presidente elegido por 4 años y 7 meses.

•Acuerdos

Por debajo del batifondo de esta batalla, se exploran los acuerdos. De las gestiones que se llevaron adelante para el funcionamiento del consejo partidario, el martes, nació un curso de negociación: lo abrió Marín. Conocedor como pocos de la entretela del PJ, Marín ejerce posiciones de conducción desde que, en 1973, se estrenó como vicegobernador de su provincia. No es menemista (si Carlos Reutemann hubiera competido él lo hubiera secundado) y mucho menos duhaldista (es de los pocos gobernadores que se anima a contradecir severamente al Presidente, respaldado, eso sí, en que su provincia está ordenada). Tiene una experiencia adicional para el juego que acaba de emprender: todas las semanas se entrena en su Trenel natal en mesas de mus y tute cabrero.

El gobernador de La Pampa se entrevistó con Duhalde, con el ministro del Interior Jorge Matzkin y con el secretario general José Pampuro, ese mismo día. Ayer dialogó con Menem y lo sondeó sobre la posibilidad de una discusión con Duhalde: «Me siento hasta con el diablo», sonrió el riojano desde el otro lado de la línea. «No es para tanto, Carlos», lo suavizó Marín. Quedaron en encontrarse para el lunes.

Una vez establecida la agenda que Menem llevaría, eventualmente, a un acuerdo, el gobernador pampeano hablará con Duhalde, quien ya le hizo un guiño favorable a la negociación. Después la tarea será más sutil: urdir un temario de coincidencias que sea, a la vez, bendecido por el resto de los mandatarios del PJ. Se sabe bien qué puede requerir Duhalde de Menem, para el caso de que el ex presidente avance hacia el poder: que no se ensañe con la administración anterior revisando los rincones, que tampoco abra una guerra bonaerense en el PJ.

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