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26 de marzo 2008 - 00:00

Néstor Kirchner quiere enfrentar la rebelión

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En alerta, Cristina de Kirchner montó anoche en su despacho un «comitéde crisis» para imaginar una solución mágica que le permita encarrilar el conflicto con el campo que, inesperadamente, se mudó desde las rutas al emblema del poder: la Plaza de Mayo.

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La Presidente se encerró con el jefe de Gabinete Alberto Fernández y, por momentos, sumó al ministro de Economía Martín Lousteau para analizar un eventual anuncio que desactive la protesta rural. Pero el foco era otro: los caceroleros porteños.

Cuando la TV comenzó a mostrar, en vivo, concentraciones en distintos barrios y caravanas dispersas con destino a la Casa Rosada, el gobierno ya tenía pergeñada una contraofensiva: Néstor Kirchner ordenó el armado, ultraveloz, de un acto en Parque Norte.

Esa cumbre, de la que participarán la Presidente y el ex, fue vendida como « plenario del Frente para la Victoria» pero en su origen tiene otro objetivo: dar un gesto político sólido de respaldo al gobierno y, en paralelo, de repudio al lock out del campo.

El encuentro se programó para el jueves, a media tarde, y Oscar Parrilli se lució como hábil telefonista: repasó una y otra vez la agenda de fieles para confirmar la presencia de los gobernados amigos, alcaldes del conurbano, caciques gremiales y jefes piqueteros.

Dos horas antes, Cristina de Kirchner había usado el atril del Salón Sur -ante un auditorio de gobernadores, intendentes y legisladores K- para ratificar la decisión de mantener las retenciones móviles y acusar de «extorsionadores» a los productores rurales.

Fue un detonante: de a poco, en puñados, pasadas las 8 de la noche, comenzaron a verse los primeros grupos protestando en la zona norte de la Capital. Luego se extendió al centro de la ciudad y tuvo, sobre las 22, como punto de mayor concentración la Plaza de Mayo.

  • Evaluación

    En la reunión, convocada de urgencia por la Presidente, se evaluó que la protesta porteña estuvo incentivada por líderes de la oposición. El jefe de Gabinete le puso nombre y apellido: acusó a Elisa Carrió.

    Fue en esas dos horas cuando, tras una parálisis inicial, se puso en marcha el otro operativo: el contra-cacerolazo inducido por la Casa Rosada y que nutrieron, sin demasiado despliegue, piqueteros K y sindicalistas amigos. No podían faltar los camioneros de Hugo Moyano.

    A las 9.46 arrasó vía mail y por SMS la convocatoria de movimientos sociales kirchneristas convocando a la Plaza. El llamado tenía un tono dramático. «Nos movilizamos para enfrentar a los golpistas», decían en su mensaje los piqueteros oficiales.

    Poco más de 60 minutos después, la FTV de Luis D'Elía y el Frente Transversal de Edgardo Depetri se habían reunido en Talcahuano y Corrientes; en tanto, el Movimiento Evita reunió a un puñado de militantes en Avenida de Mayo y Perú, a metros de Plaza de Mayo.

    También, a cuadras de la Casa Rosada, se concentraron los militantes de Libres del Sur, el grupo que comanda Humberto Tumini. La figura de «golpistas» encontró, para los piqueteros, un nombre y un hecho emblemático: sobre el atardecer, grupos de ex militares nucleados en la Unión de Promociones realizaron un acto en la Pirámide de Mayo, del que participó Cecilia Pando.

    Temprano, para minimizar la protesta, el gobierno también se permitió bromear con que había más hinchas de Racing -que reclaman cambios en el club- que caceroleros. Un rato más tarde, esa humorada no les causaba ninguna gracia.

    Anoche, en tanto, el ministro de Justicia y Seguridad, Aníbal Fernández, ponía en alerta a la Gendarmería para el caso eventual de que tenga que intervenir frente a desmanes: estaba latente el riesgo de enfrentamiento entre caceroleros y militantes K.
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