¿No arriesga mucho Alberto F. al preguntar de qué vive Carrió?
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Alberto Fernández y Elisa Carrió.
Al gobierno le enferma que el público le crea a Carrió cuando se pone el sayo de censora; también se enrosca cuando ve que sus funcionarios son víctima de esos dardos. Los políticos no entienden que la corrupción no está en los actos corruptos sino en la retina de quien juzga. Una vez que el público percibió al político como corrupto, es difícil que cambie de opinión por más explicaciones y por más que se rasguen las vestiduras en público.
Eso da sentido a la vieja máxima que habla de «echar la honra a los perros», uno de los costos de la vida pública que no todos están dispuesto a pagar. La frase «Piove, governo ladro» (¡Llueve!...gobierno ladrón) lo ilustra desde otro ánguloy muestra la dificultad que tiene un gobierno para vestirse de inocencia.
A los pocos minutos Carrió lanzó un comunicado en el cual dijo «vivir de donaciones voluntarias que realizan los diputados nacionales Adrián Pérez, Susana García, Fernando Sánchez y Elsa Quiroz y de su actividad docente en el Instituto Hannah Arendt y en la Escuela de Gobierno, donde dicta clases, seminarios y coordina cursos». No le bastó nada más para callar por el resto del día al funcionario.
Y mejor que se prepare para cuando Carrió le exija expliquen los ministros su forma de vida con los $ 12 mil que prevé para ellos el presupuesto público. En el pueblo chico de Río Gallegos -como antes en La Rioja- los vecinos suelen tomar represalia por la abundancia de vehículos lujosos, despliegue de viajes al extranjero y otras comodidades que se dan los dignatarios del oficialismo, que no deberían ni mencionar cómo viven sus opositores.
¿Problema de estos políticos? El único que habló con sinceridad de la cuestión fue Cavallo -jefe en aquellos años de Fernández cuando era Superintendente de Seguros- al decir que necesitada 10 mil pesos/dólares para vivir, que no se los pagaba el Estado pero que se los compensaba la Fundación Mediterránea. El propio Cavallo fue quien consentía el pago de sobresueldos a condición de que los funcionarios los hicieran constar en sus declaraciones de réditos. Ni con eso se salvaron algunos de procesos cuidadamente recortados para concentrarse en políticos sin protección como los que pertenecieron a la gestión Menem y tienen cargos en la gestión Kirchner.
La insinceridad para tratar este asunto de las rentas de los funcionarios se vuelve siempre contra ellos, debería recordar este Fernández, que puede preguntarle a integrantes del actual gobierno que vienen del ARI para enterarse de cómo vive Carrió. Graciela Ocaña, Héctor Timerman o el «Canca» Juan Dante Gullo han frecuentado los aposentos de la avenida Santa Fe, conocen hasta la alcoba -en donde a veces solía recibir a sus conmilitones para compartir un modesto desayuno o una pequeña caja de chocolatines-. Se le puede criticar una virulencia exagerada y a veces sin pruebas a Carrió, pero nunca un tren de vida crapuloso.
¿Existe acaso lugar más caro y rico que El Calafate, ese Anillaco del siglo XXI adonde no sólo descansan funcionarios sino donde además acumulan escrituras de propiedad de lotes y casas? No sea que el dedo eléctrico de Carrió mire hacia el Sur u otras comarcas. Porque para el kirchnerismo que demoniza a Punta del Este existen también Pinamar, Cariló o Puerto Madero (oficinas y departamentos), santuarios tanto o más caros de acceder que la costa uruguaya o el ruidoso Barrio Norte.




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