No decrece la tensión que enfrenta gobierno y familias militares
De nuevo ayer el presidente de la Nación volvió a tener problemas con mujeres vinculadas al Ejército. Fue en el Colegio Militar, donde el primer mandatario concurrió con motivo del Día del Ejército. Su discurso fue interrumpido al grito de «mentiroso, hipócrita, autoritario» por parte de Cecilia Pando, esposa del mayor Rafael Mercado pasado a disponibilidad cuando José Pampuro era ministro por una carta de lectores que ella escribió a un diario. Pando, madre de siete hijos, ya lo había interrumpido otra vez en el Salón Blanco de la misma Casa Rosada y es un problema complejo para el gobierno que nunca termina de conformarse tras purgar al Ejército. Además casi nada lo hace con tacto. La acción de Horacio Verbitsky en el área militar es devastadora con espionajes e infiltraciones y molesta ya a la sociedad. Se estima que el cardenal Jorge Bergoglio en el tedeum del 25 de mayo se refirió a Verbitsky cuando en su fuerte homilía denunció a «los que señalan con la izquierda y cobran denarios con derecha» (este ex montonero cobra de la Fundación Ford de Estados Unidos). Además de querer destruir a uniformados, Verbitsky se propone lo mismo con la Iglesia católica. Ya escribió dos libros contra el clero y anunció que redactará tres más. El propio gobierno admitió que Nilda Garré -totalmente influenciada por el mismo Verbitsky- se equivocó al proponer el cierre de los liceos militares y deja la idea de querer disolver a las Fuerzas Armadas más que democratizarlas. Hasta un ahorrista del «corralito» y las madres con hijos en liceos militares increparon ayer al Presidente expuesto demasiado a este tipo de incidentes por un mal manejo de la cuestión militar desde Defensa. Suena falto de seriedad un país en que un presidente de la Nación termine diciendo en un discurso «no le tengo miedo» al Ejército que comanda y se vaya sin presenciar el desfile preparado.
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Néstor Kirchner, la ministra Nilda Garré y el jefe militar Roberto
Bendini, en los minutos previos al discurso presidencial
en el palco del Colegio Militar, donde se celebró el Día
del Ejército.
Tanto Bendini como Kirchner exhortaron a la fuerza a profundizar su perfil productivo para contribuir al crecimiento económico del país.
Destacaron el crecimiento industrial bélico, la fabricación de los jeeps Gaucho junto a los militares brasileños. El Presidente aprovechó para volver a enumerar los logros de su gestión en materia económica, de reducción del desempleo, de la pobreza, la renovación de la Corte Suprema de Justicia. «Se ha incurrido en conductas, acciones y palabras a las que no sería temerario de calificar de rayanas con la apología del delito, al reivindicar al terrorismo de Estado, tal como ocurrió el 24 de mayo en plaza San Martín», fue el pasaje más crítico del discurso kirchnerista. Lo contemplaban desde una tribuna los diputados Carlos Kunkel, Patricia Vaca Narvaja y María del Carmen Rico, la más reciente «borocoteada» del Frente para la Victoria. La exhortación de Kirchner a construir una Argentina plural no tuvo aplicación práctica en el acto de ayer. Algunos legisladores opositores como los lopezmurphystas Pablo Tonelli y Nora Guinzburg fueron ubicados en un sector aparte, más alejados del palco oficial.
«Quiero que quede claro que como presidente de la Nación argentina no tengo miedo ni les tengo miedo. Queremos el Ejército de San Martín, Belgrano, Mosconi y Savio, y no de aquellos que asesinaron a sus propios hermanos que fueron de Videla, Galtieri, Viola y Bignone», expresó Kirchner. Bendini también se refirió en su discurso al acto de la plaza San Martín, aunque sin mencionarlo explícitamente. «No voy a tolerar actos o acciones que afecten la disciplina, cohesión e integridad de nuestra institución», disparó en el párrafo más duro de su discurso y aseveró que los efectivos «en actividad o retirados están obligados moral y reglamentariamente a cumplir con estos principios fundamentales». «Estamos en el Ejército por nuestra voluntad; quien no está dispuesto a respetar las normas establecidas deberá abandonar la fuerza», agregó el uniformado.
Tras el polémico acto, Kirchner, Nilda Garré y Bendini se reunieron a puertas cerradas en la Casa Rosada.



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