2 de abril 2003 - 00:00

No se cruzaron Menem y López Murphy en debate

El «Cronista» había anunciado un debate raro, Carlos Menem con López Murphy. Ningún candidato en este proselitismo confronta mano a mano y menos parecía posible en quienes disputan el electorado (los de abajo y los jubilados son en su mayoría de Menem). Obviamente fracasó. López Murphy habló dos horas sobre sus conocidas ideas. Y cuando se fue, apareció Menem que también repitió lo habitual en él. Político pícaro el riojano, logró al menos una ventaja: consiguió exasperar con su retardo a un López Murphy que se mostró demasiado e inconvenientemente irritado por el fiasco.

Como ocurrió en el '89 cuando Carlos Menem disputaba la presidencia con el radical Eduardo Angeloz, ayer también quedó una silla vacía al frustrarse el debate entre el expresidente y Ricardo López Murphy frente a más de 1.000 empresarios y banqueros.

Se perdió así la oportunidad que cruzaran espadas quienes hoy parecen disputarse una porción del mismo electorado, y alimentaran el debate de propuestas.

Tras esperar más de media hora al candidato justicialista, López Murphy comenzó con su disertación prometiendo que sus contendientes «podrán escapar de la primera vuelta, pero los vamos a agarrar en la segunda. No se podrán escapar del debate».

Repartió ataques a los tres candidatos justicialistas empezando por Menem preguntando al auditorio «¿cómo puede pensar alguien que el que causó los problemas los va a resolver?» mientras que a Rodríguez Saá y Néstor Kirchner los criticó por los desastres fiscales de sus provincias. «Voy a hacer lo imposible para cruzarme en el camino de ellos», amenazó el ex-economista radical al referirse a un supuesto pacto entre los tres justicialistas.

Expuso su propuesta basada en decir la verdad para recuperar la confianza y reconstruir la institucionalidad, como única vía para la recuperación económica.

Menem
comenzó a hablar exactamente 20 minutos después de López Murphy -quien se despidió afirmando que tenemos una gran oportunidad- y concentró sus primeros esfuerzos en explicar su posición ante el conflicto con Irak y embestir contra el «modelo productivo» de Eduardo Duhalde. Sobre el primer capítulo dijo que «el pueblo iraquí no merece el sufrimiento que está padeciendo», pero que «la suerte estaba echada» y «Saddam Hussein tiene los días contados». Dijo que la Argentina debe combatir a «los gobiernos que tienen armas de destrucción masiva» y que «no hay lugar para la inacción».

Luego de discurrir por la comparación de los números macro de su gobierno frente a los de Duhalde pasó a calificar a la decisión de haber salido de la convertibilidad. Para el ex presidente la devaluación de Duhalde, «fue el mayor error estratégico desde la guerra de Malvinas» ya que según su visión el uno a uno «tenía una importancia casi igual que la Constitución Nacional». Adelantó además que impulsará un tipo de cambio flotante y que tiene «el pecho lleno de potenciales ministros de Economía».

• Revalorización

Criticó luego al «dólar superalto» que «defiende el actual gobierno y que sólo genera más pobres», dijo que en un eventual gobierno suyo habría una «revalorización de la moneda local» y aseguró que el veranito se da «en un océano de recesión».

Ya en las preguntas, afirmó que convencerá «a los más de u$s 35.000 millones que los argentinos tienen bajo el colchón» para que vuelvan al sistema financiero y que para controlar la corrupción se podría «contratar a una empresa privada».

Para el final dejó una frase: «yo despierto odios y amores como nuestro señor Jesucristo».

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