21 de agosto 2003 - 00:00

Noriega: "Pongan las leyes que Bush habla con Köhler"

El secretario adjunto del Departamento de Estado de los Estados Unidos, Roger Noriega, se reunió ayer con las principales figuras del gobierno: visitó Néstor Kirchner y participó de un almuerzo con Rafael Bielsa, Martín Redrado, Eduardo Valdés y Alberto Fernández y se entrevistó también con Roberto Lavagna, con quien ya había mantenido un contacto reservado el día anterior. La noche del martes, Noriega comió en la embajada de su país con siete legisladores: los senadores Miguel Pichetto (PJ) y Ricardo Gómez Diez (Recrear) y los diputados José María Díaz Bancalari (PJ), Jorge Escobar (PJ), Jorge Villaverde (PJ), Jesús Rodríguez (UCR) y Darío Alessandro (Frepaso).

En todas las conversaciones Noriega avanzó sobre una agenda similar. A Kirchner, igual que al resto de los funcionarios del gabinete, les explicó la postura informal de su país respecto de las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional: «El presidente George W. Bush apoyará que se llegue a un acuerdo y que ese acuerdo sea de largo plazo, siempre que se presente un programa sustentable». El problema de la existencia o no de ese programa había aparecido por la noche, mientras comía un arroz con pollo en la residencia que ahora ocupa el encargado de negocios Milton Drucker (a quien algún amante de la literatura francesa imagina salido de una novela de Victor Hugo). Jesús Rodríguez pidió perdón a los legisladores peronistas para decir: «El problema de ustedes, muchachos, es que carecen de un plan, de un programa económico». Díaz Bancalari contraatacó con uno de sus dislates: «Acá los que no nos cumplieron fueron los Estados Unidos, que tendrían que habernos puesto el 'cash'» (para hablar de plata recurrió al idioma del visitante y al típico gesto de golpear una mano sobre otra).

A Kirchner le bastó la afirmación sobre el rol de Bush, que formulada por Noriega tiene un peso especial: el funcionario viene de compartir con su presidente un día de campo en el rancho de Crawford, donde recibe un tratamiento especial, sobre todo desde que Colin Powell anunció que no formará parte del próximo gabinete del gobierno, si es que hay reelección.

• Desagrado

De todos modos, en la charla con Noriega no fue excluyente lo económico. El funcionario puso de manifiesto sistemáticamente el desagrado de su gobierno ante la posibilidad de que Kirchner se sume a un eje «San Pablo-Caracas-La Habana». En la Cancillería, durante el almuerzo que se sirvió en el despacho de Bielsa (acaso el más elegante de la Argentina), intentaron convencer al diplomático acerca de que esa visión sólo puede existir en la imaginación periodística, pero que «basta ver el rigor que le pone Kirchner a la política fiscal para enterarse de que nada tiene que ver con Chávez». «¿Eje con San Pablo? ¿No es lo que nos pidió Bush?», le dijeron a Noriega, quien no participó en la reunión en la que su mandatario le manifestó a Kirchner: «Me gusta ese muchacho Lula aunque digan que él es de izquierda y yo de derecha».

Noriega ya se había quejado la noche anterior de las «dificultades de tránsito que hay en Buenos Aires», en alusión a la concentración en favor del presidente de Venezuela, que se realizó en la Facultad de Derecho. «Vino Chávez con su circo», le explicaron para que respondiera, en obvia alusión a Fidel Castro: «Sí, dos por tres viene un circo a Buenos Aires». Ya en serio, en la Cancillería, el funcionario se refirió a Chávez duramente, acusándolo de alentar -o por lo menos no combatir claramente-el desarrollo de la guerrilla colombiana. Por impulso de los Estados Unidos ese movimiento insurgente será caracterizado como «terrorista» en la Organización de Estados Americanos (OEA).

Si algo sucedió en Buenos Aires que roza la escena internacional en estos días, el episodio tuvo lugar ayer en la reunión del enviado de Bush con el canciller. Por comentarios que deslizó más tarde, a Noriega lo sorprendió en nivel de información de Bielsa sobre el atentado terrorista que terminó con la vida de Sergio Vieira de Mello, representante de la ONU en Irak. «Si algo aconseja llevar el control de Irak a la mesa multilateral de la ONU es el atentado de ayer, donde seguramente hubo participación iraquí pero también una mano de afuera, de algunas de las organizaciones terroristas de la región». Por la vía de este razonamiento, Noriega alentó a Bielsa y a los demás funcionarios a insistir, como hizo el canciller en una carta privada a Powell, en llevar la operación iraquí a Naciones Unidas. Es una novedad importante: la asamblea de ese organismo, que sesionará en setiembre y será abierta por Bush, producirá ese cambio jurídico. A partir de entonces, las fuerzas argentinas podrán cooperar en contingentes de mantenimiento de la paz.

• Subsidios

Respecto del ALCA, Noriega admitió que el problema de los subsidios al agro constituye una traba importante. Esta semana, Estados Unidos y la Unión Europea suscribieron un compromiso para excluir esa discusión de la ronda Doha de la OMC, lo que proyecta consecuencias en las negociaciones del área de libre comercio americana. De todos modos, el funcionario insinuó que podría haber novedades al respecto en la cumbre extraordinaria de presidentes que se realizará en enero en México, acontecimiento que ya se convirtió en el principal objetivo de su gestión hasta esa fecha.

Hubo un tema insistente y discreto en la visita de Noriega. El único sobre el que se negó a hablar ante la prensa: la inmunidad que pretende su país para los militares que participarán en los ejercicios conjuntos que se realizarán en octubre en Mendoza y San Luis. Ante los legisladores con los que comió, igual que ante los funcionarios de Kirchner, el enviado de Bush puso esa ley como condición sine qua non de la participación de soldados de su país en esas maniobras. Fue más preciso: adelantó que tiene un borrador elaborado en conjunto con la Cancillería argentina para que el Congreso apruebe la ley respectiva antes del 1 de setiembre. Un compromiso casi utópico.

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