28 de noviembre 2001 - 00:00

Nuevo asesinato desata un éxodo de periodistas

Kabul (AFP, EFE, ANSA) - La situación de descontrol que se vive en Afganistán se cobró ayer una nueva víctima mortal entre los periodistas, la octava en apenas dieciséis días. Ulf Stromberg, camarógrafo del canal de televisión sueco TV4 que estaba en la retaguardia de la Alianza del Norte, en la localidad de Talukán, fue asesinado por una banda de adolescentes con propósito, en principio, de robo.

A este hecho se suma el secuestro de Ken Hechtman, corresponsal independiente canadiense en Spin Boldak, en la frontera con Pakistán, según informó otro colega del diario «Montreal Mirror» que estaba junto a él. Además fue denunciado un intento de violación por parte de milicianos de la Alianza del Norte a la periodista británica Lara Logan del canal GMTV de Londres.

El periodista sueco fallecido de 42 años había entrado hacía una semana en el norte de Afganistán desde Tayikistán con un grupo de cerca de 90 periodistas.

Bo Liden
, que cubría el conflicto para el vespertino estocolmense «Aftonbladet», narró lo acontecido para su diario. Tres adolescentes de 14 o 15 años enmascarados, dos armados con rifles kalashnikov y el tercero con un arma blanca, ingresaron en la casa a las dos de la madrugada. «Ehsan (el intérprete) les habla tranquilamente. Pero cuando oigo la aguda voz del enmascarado me doy cuenta de que se trata de chicos con armas letales», relató el periodista.

Los asaltantes se llevaron 3.500 dólares, un teléfono satelital, computadoras y equipo fotográfico de la pieza donde estaba la gente de «Aftonbladet». Después se fueron a la habitación donde dormía Stromberg. «Uno de los chicos enmascarados golpeó fuerte en la puerta. Silencio. Llamaron más fuerte. Continuó el silencio. Se escuchó un disparo. Los chicos huyeron. Ulf Stroemberg yacía en el suelo. Estaba herido y Rolf Porseryd (el periodista de TV4) se inclina hacia él», continuó Liden.

En un principio le proporcionaron atención de reanimación, pero cuando llegaron al hospital, Stromberg fue declarado muerto.

Este nuevo episodio llevó alarma a todas las redacciones que tienen enviados especiales a la zona de conflicto. El canal privado para el que trabajaba Stromberg, TV4, anunció en Estocolomo que decidió retirar de forma inmediata a todos sus periodistas en Afganistán, y la misma medida tomaron «Aftonbladet» y la agencia «TT».

El peligro para los periodistas, además del que entraña la cobertura de las acciones bélicas, radica en la pobreza absoluta que campea en Afganistán, país con una de las poblaciones más fuertemente armadas del mundo.

Ser enviado extranjero en Afganistán equivale a portar un letrero con la leyenda «llevo miles de dólares en mi billetera», una fortuna gigantesca en un país paupérrimo
.

Además, la organización terrorista Al-Qaeda que dirige el saudita
Osama bin Laden, ofreció una recompensa de 50.000 dólares por cada periodista extranjero muerto en territorio de Afganistán, diez veces más que por un soldado estadounidense.

Rehenes

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Canadá afirmó que los talibanes planean atraer a Kandahar, el último baluarte de los integristas islámicos, a un grupo numeroso de periodistas extranjeros con el objetivo de capturarlos como rehenes. Una advertencia similar fue publicada por Eldad Beck, enviado del israelí «Maariv» a Kunduz, quien refirió versiones que se estaría por desatar una «caza de periodistas».

El pasado día 19, cuatro periodistas, el español
Julio Fuentes, de «El Mundo»; la italiana Maria Grazia Cutuli, de «Il Corriere della Sera»; el camarógrafo australiano Harry Burton y el fotógrafo afgano Azizullah Haidaris, ambos de la agencia «Reuters» fueron asesinados cuando se dirigían de Jalalabad a Kabul. Ocho días antes otros tres informadores, los franceses Johanne Sutton, corresponsal de Radio Francia Internacional, y Pierre Billaud, enviado de RTL, y el alemán Volker Hand-loik, periodista de la revista «Stern», fueron asesinados en una emboscada en el norte de Afganistán.

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