Nuevo asesinato desata un éxodo de periodistas
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Bo Liden, que cubría el conflicto para el vespertino estocolmense «Aftonbladet», narró lo acontecido para su diario. Tres adolescentes de 14 o 15 años enmascarados, dos armados con rifles kalashnikov y el tercero con un arma blanca, ingresaron en la casa a las dos de la madrugada. «Ehsan (el intérprete) les habla tranquilamente. Pero cuando oigo la aguda voz del enmascarado me doy cuenta de que se trata de chicos con armas letales», relató el periodista.
El peligro para los periodistas, además del que entraña la cobertura de las acciones bélicas, radica en la pobreza absoluta que campea en Afganistán, país con una de las poblaciones más fuertemente armadas del mundo.
Ser enviado extranjero en Afganistán equivale a portar un letrero con la leyenda «llevo miles de dólares en mi billetera», una fortuna gigantesca en un país paupérrimo.
Además, la organización terrorista Al-Qaeda que dirige el saudita Osama bin Laden, ofreció una recompensa de 50.000 dólares por cada periodista extranjero muerto en territorio de Afganistán, diez veces más que por un soldado estadounidense.
Rehenes
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Canadá afirmó que los talibanes planean atraer a Kandahar, el último baluarte de los integristas islámicos, a un grupo numeroso de periodistas extranjeros con el objetivo de capturarlos como rehenes. Una advertencia similar fue publicada por Eldad Beck, enviado del israelí «Maariv» a Kunduz, quien refirió versiones que se estaría por desatar una «caza de periodistas».
El pasado día 19, cuatro periodistas, el español Julio Fuentes, de «El Mundo»; la italiana Maria Grazia Cutuli, de «Il Corriere della Sera»; el camarógrafo australiano Harry Burton y el fotógrafo afgano Azizullah Haidaris, ambos de la agencia «Reuters» fueron asesinados cuando se dirigían de Jalalabad a Kabul. Ocho días antes otros tres informadores, los franceses Johanne Sutton, corresponsal de Radio Francia Internacional, y Pierre Billaud, enviado de RTL, y el alemán Volker Hand-loik, periodista de la revista «Stern», fueron asesinados en una emboscada en el norte de Afganistán.




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